La Música Tropical: Patrimonio cultural intangible de la humanidad


La Música Tropical: Nuestro Patrimonio Músico-Cultural

viernes, 12 de agosto de 2016

Historia de la Salsa


En mi localidad, uno de los ritmos tropicales que menos difusión tiene en la actualidad es la salsa.

En la radio son mínimos los espacios que tiene asignada y en la televisión sólo aparece cuando de concursos de baile se trata. La cultura salsera regia es escasa, esa es la realidad.

Las difusoras de mayor rating nos atosigan con la música de banda que ha triunfado en todo el país gracias a la televisión nacional. En cuestión de gustos se rompen géneros y se respetan, pero esta imposición de los medios le resta espacio a otras músicas que se gestan en nuestra región y mayormente a las que provienen del Caribe.

La música tropical del Caribe colombiano es una excepción y un caso especial en nuestra ciudad: echó raíz con los sonideros, no necesitó de la radio para sobrevivir (de cierto batalló para que le abrieran las puertas) y ahora gusta de ella gran parte de la población. Que no tengamos acceso auditivo a todas las obras de la época de oro de la música tropical colombiana y que la discriminación a quienes gustan de ella persista son realidades que no se pueden negar, pero el tiempo y el esfuerzo de muchos lo pueden contrarrestar.

Por eso es poco lo que se escucha en relación a la salsa Si uno tiene curiosidad y desea conocer acerca de ella recurre al internet, donde el material audiovisual y la información abundan. Pero no se la vive en un concierto y a lo más que se puede aspirar es a bailarla en algún sitio privado donde acuden otros que también son aficionados a ella.

Las generaciones anteriores disfrutaron ritmos caribeños como el danzón, el mambo y el chachachá entre otros, que fueron parte de la génesis de la salsa. Desafortunadamente, y por el interés comercial de los medios de comunicación, las generaciones posteriores ya no tuvieron la oportunidad de vivir la evolución de los ritmos antillanos que desembocaría en la salsa. En mi opinión, los encargados de la cultura en nuestro estado deberían tomar nota de esta situación y cimentar una educación musical, sin menoscabo de ninguno de sus géneros, para que todos los neoleoneses tengamos la oportunidad de acceder a ella y se nos asegure que las emisoras oferten una programación de calidad para todos los gustos. Quizá sea considerado un sueño guajiro, pero es nuestro derecho de acceso a la cultura y debería compaginarse con los intereses comerciales. He aquí una breve descripción de la...

Historia de la Salsa

Durante los años treinta, cuarenta y cincuenta, la música afrocubana era consumida ampliamente por los sectores de origen «latino» (latinoamericano) en la ciudad de Nueva York. Los cubanos en Nueva York, los puertorriqueños y otros músicos de otros países, fundamentan su música en gran medida en los elementos de origen afrocubano.

Según algunos músicos e historiadores, salsa es un nombre comercial dado a toda la música cubana en los años setenta. En esta corriente se ubican Ray Barreto, Rubén Blades, Larry Harlow, Papo Lucca, Johnny Pacheco, Tito Puente, Roberto Roena, Joe Arroyo, Bobby Sanabria y Bobby Valentín.

La salsa se expandió a fines de los años setenta y durante los ochenta y noventa. Nuevos instrumentos, nuevos métodos y formas musicales (como canciones de Brasil) fueron adaptados a la salsa. Nuevos estilos aparecieron como las canciones de amor de la salsa romántica. Mientras tanto la salsa se convirtió en parte importante de la escena musical en Cuba, Puerto Rico, Colombia, Venezuela, Panamá y lugares tan alejados como Japón. Con la llegada del siglo XXI, la salsa se ha convertido en una de las formas más importantes de la música popular en el mundo.


La integración de las tumbadoras y el bongó en los conjuntos que tocaban son montuno fue un elemento fundamental en la instrumentación de orquestas de baile.

En los años treinta, los sextetos y septetos de son (que solo usaban bongó) eran muy populares en cuba. Cuando Gerardo Machado prohibió el uso del bongó, las charangas (que solo usaban timbales) incrementaron su popularidad. La censura al bongó fue levantada a finales de los años treinta, por lo que fueron utilizados nuevamente en la música popular cubana.

Cerca de 1940, el Conjunto Llave (de Rafael Ortiz) introdujo las tumbadoras (o congas) en una orquesta, instrumentos que anteriormente solo se usaban en música folclórica afrocubana. Arsenio Rodríguez popularizó el uso de las congas al integrarlas a su conjunto, introduciendo el son montuno a nivel comercial.

En los años cuarenta, Mario Bauza, director y arreglista de la orquesta de Machito «Los Afro-Cubans», agregó trombones al son montuno y la guaracha. Estas innovaciones influenciaron a músicos como José Curbelo, Benny More y Bebo Valdés. En el álbum Tanga (de 1943), Bauza fusionó elementos de la música afrocubana con el jazz.


La influencia del jazz afrocubano y del mambo desarrollado por Pérez Prado en 1948, propició la introducción del saxofón en las orquestas de son montuno y guaracha. En 1955, Enrique Jorrín le agregó trompetas a las orquestas de charanga, que hasta ese momento solo usaban violín y flauta.

Ya para los años cincuenta, la música bailable cubana, es decir el son montuno, el mambo, la rumba y el chachachá, se constituyó en un elemento de gran popularidad en los Estados Unidos y Europa.


En la ciudad de Nueva York, el «sonido cubano» de las bandas se fundamentó en los aportes de músicos cubanos, puertorriqueños y dominicanos. Como ejemplo, podemos mencionar a Machito, Tito Rodríguez, Johnny Pacheco, Tito Puente o incluso figuras como el director catalán Xavier Cugat. Por otro lado, y ya fuera del círculo de Nueva York, grupos como la Orquesta Aragón, la Sonora Matancera y Dámaso Pérez Prado y su mambo lograron una importante proyección a nivel internacional.

El mambo fue influenciado por el jazz afrocubano y el son. Las grandes bandas de este género mantuvieron viva la popularidad de la larga tradición del jazz dentro de la música latina, mientras los maestros originales del jazz se circunscribieron a los exclusivos espacios del bebop.

La música latina interpretada en Nueva York desde 1960 fue liderada por músicos como Ray Barretto y Eddie Palmieri, los cuales estaban fuertemente influenciados por ritmos cubanos importados como la pachanga y el chachachá. Después de la crisis de los misiles en 1962, el contacto cubano-estadounidense decayó profundamente.

En 1969 Juan Formell introdujo el bajo eléctrico en los conjuntos soneros de Cuba.

El cuatro puertorriqueño fue introducido por Yomo Toro en la orquesta de Willie Colón en 1971 y el piano eléctrico en los años setenta por Larry Harlow.

En los años setenta se incrementó la influencia puertorriqueña en el ámbito de la música latina en Nueva York y los «nuyoricans» pasaron a ser una referencia fundamental. La palabra salsa para designar la música hecha por los «latinos» en Estados Unidos, comenzó a usarse en las calles de Nueva York a finales de los años sesenta y principios de los setenta. Por esta época, el pop latino no era una fuerza importante en la música que se escuchaba en Estados Unidos, habiendo perdido terreno frente al doo wop, al R&B y al rock and roll. En ese contexto, el surgimiento de la salsa abrió un nuevo capítulo de la música latina, especialmente en los Estados Unidos.


El sello discográfico Fania

La historia de la salsa, en la que participaron gran cantidad de músicos, puede rastrearse en cierta medida en la trayectoria de algunas importantes compañías discográficas. En los años setenta Fiesta Récord, Manhattan Recording Company, y en especial Fania Records, lanzaron al estrellato una gran cantidad de «salseros» desde Nueva York, realizando giras y conciertos por todo el mundo.

La Fania fue fundada en marzo de 1964 por el abogado y empresario Jerry Masucci y el flautista dominicano y líder de banda Johnny Pacheco. Fania comenzó con Larry Harlow y la producción El Malo de Willie Colón y el «Cantante de los Cantantes» Héctor Lavoe en 1967.


El sello Fania Records le dio el espaldarazo definitivo al género al grabar y distribuir los discos de la gran mayoría de las estrellas salseras de los años setenta. La Fania All Stars, orquesta que agrupó una gran cantidad de músicos y cantantes de salsa como: Ray Barretto, Willie Colón, Johnny Pacheco, Rubén Blades, Héctor Lavoe, Ismael Miranda, Cheo Feliciano, Bobby Cruz, y artistas invitados como Tito Puente, Celia Cruz y Eddie Palmieri, está considerada como una de las máximas expresiones del género, llegando a presentarse en lugares como Japón y Africa y los tradicionales clubes «latinos» en la ciudad de Nueva York.


Fuente: Revista World Salsa. Primera Edición. Recuperado de internet.

Unos videos de youtube, salsaludos a todos los cocacolos de la mata.

Oye como va – Tito Puente

 Quimbara – Celia Cruz & Marc Anthony

 
 Amor traicionero - Guayacán Orquesta / Carlos Brito

 Por retenerte – Los Titanes

 
Micaela – La Sonora Carruseles

Caliventura – La Sonora Carruseles

miércoles, 10 de agosto de 2016

Amor de mis amores - Angel Lobaton

 
Amor de mis amores - Angel Lobaton

Que nadie sepa mi sufrir, nombre original de este vals Amor de mis amores, cuya música y letra es de Angel Cabral y Enrique Dizeo respectivamente, ambos de nacionalidad argentina, e interpretado por el sonero peruano Angel Lobaton a ritmo de son cubano en su disco 'Valses peruanos a ritmo de son'. Disfrútelo.

lunes, 8 de agosto de 2016

Luna de Xelajú

 


Siendo adolescente, y a ritmo de cumbia, fue la primera vez que recuerdo haber escuchado una bella canción llamada Luna de Xelajú y la cantaba Lyla con su Conjunto Tropical Perla del Mar, un grupo originario de mi natal Monterrey. Con el transcurrir de los años la he escuchado en la voz de otros cantantes y también en diferentes versiones instrumentales; su letra es hermosa (con modificaciones mínimas) y dice así:

Luna gardenia de plata
que en mi serenata te vuelves canción,
tú que me viste cantando
me ves hoy llorando mi desilusión.

Calles bañadas de luna
que fueron la cuna de mi juventud,
vengo a cantarle a mi amada:
la luna plateada... Luna de Xelajú.

Luna de Xelajú,
que supiste alumbrar
en mis noches de pena
por una morena de dulce mirar.

Luna de Xelajú,
me diste inspiración,
la canción que hoy te canto
regada con llanto de mi corazón.

En mi vida no habrá
más cariño que tú,
porque no eres ingrata,
mi luna de plata... Luna de Xelajú.

Luna que me alumbró
en mis noches de amor,
y hoy consuelas la pena
por una morena que me abandonó.


Su autor es el guatemalteco Paco Pérez y para muchos es como el segundo himno de su país.


Francisco Pérez Muñoz


Compositor, cantante y guitarrista guatemalteco, nació el 25 de abril de 1917 en Huehuetenango, pero creció en Quetzaltenango. Es el autor de la reconocida canción Luna de Xelajú.

El artista debutó como cantante en el teatro municipal de Quetzaltenango en 1935. Acompañó a Juan Sandoval al piano y años más tarde formó un trío junto a Manolo Rosales y José Luis Álvarez, llamado El Trío Quezaltecos.

Su famosa canción Luna de Xelajú comenzó a sonar después de que Pérez Muñoz participara en un concurso de canto y lograra el tercer lugar.

En 1944, el artista fue parte del equipo de trabajo de la Radio Nacional TGW, creó el personaje Ciriaco, el cual participó en el programa La Tremenda Corte.

La otra fase del artista fue la actuación, tuvo un lugar en la película El Sombrerón y además un papel importante en la comedia Un loteriazo en plena crisis.

Su fama

La vida de Pérez Muñoz se detuvo en 1951 después de que fue víctima mortal de un accidente aéreo junto a otros artistas, mientras realizaban un viaje a Petén.

Sin embargo, en su legado dejó canciones que lo hicieron famoso como Chichicastenango, Arrepentimiento, Nenita, Patoja Linda Tszanjuyu.
Fuente: http://mundochapin.com/2014/12/francisco-perez-munoz-musico-y-compositor/25593/

Historia de Luna de Xelajú. Origen de la famosa melodía.





Fue compuesta por Francisco “Paco” Pérez en la década de los 40 y cuenta la leyenda que este huehueteco se enamoró de Eugenia Cohen, una ilustre dama de origen judío, con quien no pudo hacer vida y tener una familia, por el rechazo de los padres a dicha relación y de allí nació la inspiración.

Las estrechas calles empedradas de Quetzaltenango iluminada por la luna, por las que caminó y ese amor que no fructificó le dieron inspiración para escribir Luna de Xelajú allá por el año de 1935.
Fuentes: http://www.soy502.com/articulo/segundo-himno-guate-mala-sus-mas-100-versiones, https://visitaxela.wordpress.com/2016/05/04/centenario-del-nacimiento-de-paco-perez/

Con Lyla y su Tropical Perla del Mar:

Luna de Xelajú - Lyla y su Tropical Perla del Mar

La canción con su autor Paco Pérez:

viernes, 5 de agosto de 2016

Amado Porro


En los albores de mi vida, cuando mi capacidad de asombro era más de la que actualmente poseo y hasta el trino de las aves me maravillaba -cosa que aún sigue sucediendo-, mi afición por la música se estableció y gustaba de todo lo que en mi rededor se escuchaba, desde la música autóctona de mi región y de mi nación hasta las que provenientes del Caribe y del otro lado del Río Bravo llegaban, amén de otras de variados géneros y procedencias que también disfrutaba.

Sabía menos de lo que hoy conozco (poco) en relación a la música y, la verdad, no me interesaban los recovecos que la rodeaban, en aquel tiempo lo único que deseaba era gozarla.

Por aquella época escuchaba unas canciones rítmicas y muy cadenciosas, bien sabrosas, que llamaban mi atención y en mi escaso saber las catalogaba como si de música tropical -en general- se trataran. Recuerdo muy bien una de ellas que decía “oiga compa’ tóqueme un porro, para bailar con Micaela” y su ritmo me seducía, y sobremanera me agradaba. No sabía quién la cantaba, pero me encantaba. Posteriormente supe que el intérprete y autor del mismo era un colombiano llamado Luis Carlos Meyer y que lo acompañaba la Orquesta de Rafael de Paz. El ritmo: Porro.

En aquellos días no existía el internet y las fuentes de información más comunes eran las usuales de ese tiempo: revistas, periódicos, la radio también. El uso de la televisión no estaba muy extendido y, al menos en mi caso, en mi casa demoramos un poco para tener acceso a ella. Es cierto que en las contraportadas de los discos de acetato que poseían los sonideros había mucha información de los artistas y de los ritmos que interpretaban, pero de eso tenían conocimiento sólo ellos y los que de cerca los rodeaban, el resto de los mortales no, en general. Conforme mi cabello de blanco se ha teñido también se ha desarrollado y perfeccionado la red de redes, y en la actualidad la información -o la fuente de información- está disponible para todos, es cuestión de buscarla.

Ahora sé que el porro es un ritmo musical de la Costa Caribe de Colombia y la información disponible acerca de su origen y su evolución es tan vasta que en verdad cuesta trabajo digerirla. También me queda claro que es un ritmo diferente de la cumbia, aunque para mucha gente sean semejantes, y muchos de ellos son pasados como cumbias colombianas cuando en realidad son porros.

Buscando información que me diera una idea clara y sencilla de lo que históricamente ha sido el porro, encontré un artículo reciente y muy ilustrativo en el periódico El Tiempo. Forma parte de una cruzada actual en el país que lo vio nacer para que el Diccionario de la lengua española lo incluya con esta otra acepción: ‘ritmo folclórico mestizo y cadencioso, originario de la costa caribeña colombiana, cuyo canto y baile constituyen un importante símbolo de su cultura’. Espero que esa iniciativa obtenga el fruto deseado.

Pues bien, aunque no es el ABC del Porro que tanto busqué, el contenido de este artículo es lo suficiente y conciso como para considerarlo esencial en la comprensión de este ritmo musical:


El porro pide entrada al diccionario oficial

En vísperas del Festival Nacional del Porro, que se inicia mañana en San Pelayo (Córdoba), activistas de la cultura reivindican este ritmo.

Con alegría y con afán voy a empezar mi relato
Que en la población de Plato,
Se volvió un hombre caimán.

Este es el porro más famoso del mundo, Se va el caimán.

José María Peñaranda lo compuso en 1941, a partir de la leyenda de Saúl Montenegro, el mirón que se tomaba una pócima para volverse caimán, meterse al río y contemplar a las bañistas. Un día perdió la contra para regresar a su estado original, y quedó caimán para siempre, y el caimán se fue para Barranquilla.

Inicialmente se oyó en la versión del propio autor con acompañamiento de cuerdas. Más adelante su éxito tuvo numerosas versiones, entre ellas la de Nelson Pinedo y la Sonora Matancera, que grabó también el porro Me voy pa Cataca, en versión cubanizada, “Me voy pa La Habana y no vuelvo más, el amor de Carmela me va a matar…”.

Otras versiones muy sonadas del Caimán son la de Víctor Pérez (1946), y Felipe Pirela (1962), ambos con la Billo’s, y la del cubano Kike Mendive, incluida en un largometraje mexicano de los años 40.

El porro está presente en la literatura. Un botón de muestra es Danza de redención, 1998, de David Sánchez Juliao, que completa la trilogía iniciada con Pero sigo siendo el rey (ranchera) y Mi sangre aunque plebeya (bolero).

En Danza de redención (porro y cumbia) aparecen el hombre caimán, la piragua y el acordeón que encanta serpientes.

También hay telenovelas inspiradas en este ritmo, como Momposina, 1994, protagonizada por Carolina Sabino, con libretos de Bernardo Romero y Daniel Samper. Esta serie recrea la obra del mismo nombre, compuesta por José Barros.

Momposina, ven a mi ranchito;/ Momposina, ven para quererte; / Momposina, lindo lucerito;/ Momposina, yo quiero tenerte.

Lucho Bermúdez, el gran difusor de este ritmo

El porro llegó a Bogotá en 1944, de la mano de Lucho Bermúdez. Los rolos de la época, que bailaban danzón, pasillo y guabina, comenzaron a familiarizarse con él. Oyeron y bailaron Carmen de Bolivar, cantado por Matilde Díaz, “Tierra de placeres, de luz, de alegría, de lindas mujeres, Carmen tierra mía”; y Salsipuedes, “Eres muy rico Salsipuedes, y no olvidaré, y en tu recinto muchas veces de alegría canté”.

A Bermúdez se debe en buena parte la internacionalización del porro. Tras su éxito en el Metropolitan Club, de Bogotá, viajó en 1946 con Matilde Díaz a Buenos Aires, donde dirigió una orquesta de 26 músicos, todos ellos argentinos; compuso el porro Buenos Aires y grabó 60 temas con la RCA.

Luego regresaría al Hotel Granada de la capital colombiana, para emprender en los años siguientes giras que lo llevaron a México, donde grabó 80 discos; Cuba, en cuya naciente televisión trabajó con el maestro Lecuona; Venezuela, Estados Unidos, Costa Rica y Ecuador.

Por 15 años vivió en Medellín, meca de la discografía nacional.

En las fiestas de los 60, en Bogotá, se bailaba porro. “La múcura está en el suelo, ay, mamá, no puedo con ella”, composición de Crescencio Salcedo que llegó a ser grabada por el ‘Bárbaro del ritmo’, el cubano Benny Moré; “Santa Marta, Santa Marta tiene tren, Santa Marta tiene tren, pero no tiene tranvía”. “San San San Fernando, San San San Fernando, es el club más popular de esta tierra soberana”.

Entre tanda y tanda de porros de Los Melódicos, la Billo’s, Pacho Galán, Lucho Bermúdez y el loco Quintero, se patinaba un twist, se intentaban piruetas con algún rocanrol y se oían las primeras canciones de Escalona, interpretadas con guitarra por Bovea y sus Vallenatos, sin sospechar que veinte años después el vallenato, ya interpretado con acordeón, se impondría en la capital.

Mi cafetal

En los años 80 había en Madrid (España) una sala de baile llamada Mi cafetal, donde la orquesta interpretaba música colombiana, como Palmira señorial (“Este porrito suave cantaré, a la mujer más linda que amo yo”) y el porro que le daba el nombre a la boite, “Yo tengo mi cafetal, y tú ya no tienes na”.

Mi cafetal es otro de los porros universales. Lo han grabado, entre muchos, la Sonora Matancera, Los Panchos (con Basurto Lara), el cubano Eliades Ochoa, el colombiano Farid Ortizy el puertorriqueño Chayanne, en una versión bastante rítmica.

Es la obra cumbre de Salcedo, conocido como el Compae Mochila de los Pies Descalzos, por su sencillez.

Otro de los porros universales es Las pilanderas, de José Barros, que en su momento interpretaron Matilde Díaz y Celia Cruz. La cubana cantaba “Ay, pila, pila, pilandera, que traigan maíz, panela…”, y agregaba su ingrediente emblemático, “¡Y azúcar!, que traigan azúcar”.

Un cubano que hizo su particular arreglo de Las pilanderas fue Orestes ‘Cachao’ López. También hay versiones de Pacho Galán, Juan Piña, el argentino Eduardo Armani y el venezolano Víctor Piñero, que la cantó con la orquesta Los Melódicos, en Caracas; con la de Pacho Galán, en Barranquilla, y con la Sonora Matancera, en La Habana.

Serrat y Sabina rematan su concierto Dos pájaros de un tiro, 2008, con El muerto vivo, del manizaleño Guillermo González Arenas.

Los dos cantantes se paran al final, bailan con el grupo que los acompaña, y le van diciendo al público, burlándose de sí mismos, “¡No estamos muertos, estamos de parranda!”.

Los hacen con el sabor de rumba gitana que le imprimió Peret (“A mi amigo Blanco Herrera le pagaron su salario, y sin pensarlo dos veces salió para malgastarlo”). Peret lo adaptó de la versión de Rolando Laserie, que lo había oído interpretado por el Trío Venezuela y por Fruko y sus Tesos, con la voz del Joe Arroyo. La letra original decía “Al amigo Marco Herrera le pagaron su salario”… Y era porro.

Pero un día se apareció lleno de vida y contento,
Diciéndole a todo el mundo ¡eh! Se equivocaron de muerto,
El lío que se formó, esto sí que es puro cuento,
Su mujer ya no lo quiere, no quiere dormir con muertos.

Ritmo mestizo

El porro es símbolo cultural en Córdoba, Sucre y el sur de Bolivar. La banda típica tiene 16 músicos, que tocan bombardino, clarinete, trompeta, bombo, redoblante y platillos.

Es la llamada banda pelayera (de San Pelayo), que en versión reducida va en cada chiva turística con el nombre de papayera. Se trata, pues, de un ritmo que mezcla vientos europeos con percusión africana y que les canta a la tierra, a las actividades ganaderas y pastoriles y al amor. La pareja lo baila por tandas, que tardan lo que dure prendido un paquete de velas que la bailadora lleva en su mano derecha y a veces pone sobre la cabeza.

En San Pelayo (Córdoba), se celebra cada año el Festival Nacional del Porro. Este año tendrá lugar la cuadragésima versión, entre el 29 de junio y el 4 de julio. A las cinco de la mañana las bandas se reúnen en la tarima construida exprofeso para el evento y tocan María Barilla, pieza emblemática, que recuerda a la “mejor bailadora de porro y fandango de todos los tiempos”, fallecida en 1940. En ese momento suena la orquesta más grande del mundo, pues cerca de quinientos músicos interpretan el porro al unísono.

Este porro fue seleccionado como símbolo de la cultura colombiana en el Iberoamericano de Teatro del 2014. El musical María Barilla, con actores de la televisión y músicos y bailadoras de Córdoba, constituyó el acto de apertura de esa edición.

Una orquesta francesa, la Belle Image, interpreta en diversos escenarios de Europa, desde hace algunos años, lo que aprendieron en Colombia: porro. Otra argentina, la Delio Valdez, hace lo mismo en escenarios argentinos y uruguayos, donde es infaltable La saporrita (“Siempre que yo voy a un baile, me busco una saporrita…”). En 2014 se estrenó en Nueva York el largometraje Porro hecho en Colombia, de Adriana Lucía, que contó con la asesoría artística de Ciro Guerra. En la cinta se puede ver a la cantante de Carito (Córdoba), hablando, cantando y bailando porro con sus coterráneos, hasta llegar al estudio de la Javeriana con su grupo musical, que incluye batería y guitarra eléctrica, para cantar la composición de su padre, Antonio López, Porro bonito, y bailarlo, con todas las de la ley, con su hermana Martina la Peligrosa.

Bailando porro yo competiré, / Tomando chicha en mi tierra natal… / Porro bonito, yo te cantaré, / Porro bonito, yo te bailaré…

El diccionario

La cumbia es el ritmo que más identifica a Colombia en el mundo. De la cumbia colombiana nacen la cumbia cubana, la mexicana, la chilena, la ecuatoriana y la peruana (y de ella el género conocido como chicha). Otros ritmos tropicales colombianos alcanzaron gran difusión, en los años 50 y 60, de la mano de la cumbia, pero sus nombres (porro, fandango, cumbión) quedaron velados tras el genérico “cumbia colombiana”.

Eso explica que en muchos países no se identifique la palabra porro con ritmo musical, pero paradójicamente se conozcan, se oigan, se canten y se bailen Se va el caimán, La saporrita, Mi Cali bella, El muerto vivo

El porro, según los estudiosos, se remonta a la música precolombina interpretada con gaitas por los nativos del valle del Sinú. En el siglo XVII adquiere su forma actual con la adición de instrumentos africanos traídos por los esclavos y vientos europeos que se conocen gracias a las bandas militares. Del porro deriva el vallenato (según el historiador William Fortich), y del vallenato deriva la carranga. La presencia de este ritmo en las sabanas de Córdoba, Sucre y sur de Bolivar es altamente significativa. Su esplendor en los años 60 y 70, hace que el porro se conozca mejor en Bogotá y que llegue a Venezuela, Cuba, México y Argentina. Y la nostalgia de los mayores sumada al ímpetu de nuevas generaciones de músicos, cantantes y bailarines hace que hoy siga vigente y con más fuerza que nunca.

No obstante todos estos méritos, cuando usted abre las páginas del Diccionario de la lengua española, para buscar la palabra porro, encuentra que este vocablo alude a tres realidades ajenas a la música, ‘cigarrillo de marihuana’, ‘puerro’ (una especie de cebolla) y ‘persona torpe, ruda o necia’.

Por eso, el periodista Rahomir Benítez, director de El Meridiano, y el gerente de esa casa editorial, William Salleg, emprendieron este año una cruzada que busca la inclusión en el lexicón más tradicional y prestigioso de nuestra lengua de esta otra acepción de la palabra porro, ‘ritmo folclórico mestizo y cadencioso, originario de la costa caribeña colombiana, cuyo canto y baile constituyen un importante símbolo de su cultura’.

Su misión comienza con la edición de un libro de doscientas páginas, Tributo al porro, en que muestran a cuatro tintas el esplendor de este ritmo, y presentan formalmente a la Academia su petición.


Libro para una petición

El libro ‘Tributo al porro’ recoge el trabajo de investigadores como William Fortich, el periodista Rahomir Benítez Tuirán y cantantes como Adriana Lucía, liderados por William Antonio Salleg, presidente del Grupo Editado, dueño de los diarios ‘El Meridiano’ y ‘El Propio’, y la emisora ‘Meridiano Estéreo’. El texto fue presentado a la Real Academia de la Lengua para explicarle por qué la palabra porro describe la cultura musical de toda una región.

Tiene 156 páginas e incluye un DVD con la música que recibirá el tributo, desde el próximo miércoles 29 de junio en el Festival Nacional del Porro en San Pelayo.
Fuente: por Fernando Avila en El Tiempo, 28 de junio de 2016. Recuperado de internet.


Además de los porros mencionados anteriormente y de los tantos y tantos que existen, hay uno que se cuenta entre mis preferidos, se llama Amado Porro. Es de Septimio Campanela y es interpretado por César Castro con Los Corraleros de Majagual, en el disco 'Al son de las corralejas':

Amado Porro - Los Corraleros de Majagual

En Caracol Radio se emitió un programa el 5 de julio de 2011 acerca de los orígenes, sus compositores y los grandes exponentes del Porro colombiano, con audios completos de diversos porros, es recomendable su visita.

miércoles, 3 de agosto de 2016

Porro bueno - Los Auténticos Corraleros de Majagual


Disfrutando la música del ayer con este sabroso porro titulado Porro bueno, de la autoría de Alfredo Gutiérrez e interpretado por Los Auténticos Corraleros de Majagual.

lunes, 1 de agosto de 2016

Pobrecito muchacho - Mon Rivera con Moncho Leña y Los Ases del Ritmo


Recordando al gran Mon Rivera con esta guaracha de Moncho Leña. Forma parte de los temas del disco Mon Rivera con Moncho Leña y Los Ases del Ritmo - Más Exitos Inolvidables.




Disfrútelo.