La Música Tropical: Patrimonio cultural intangible de la humanidad


La Música Tropical: Nuestro Patrimonio Músico-Cultural

domingo, 26 de octubre de 2014

Las Hermanas Lago - El primer trío femenino de Cuba


Las Hermanas Lago

Su conformación nos remonta a Cuba, esa Cuba, cultural, llena de expresionismo musical, repleto de vertientes culturales e inundado de excelentes exponentes.

Cristina, Lucía y Graciela Lago  fueron tres hermanas que se preciaron de ser el primer trío conocido existente de Son Cubano y el primer trío femenino a nivel mundial, su música data de los años 40s, en el siglo pasado.


Comenzaron su carrera siendo niñas en la década de los años 30s y se presentaron en los mejores teatros de la capital.

En su repertorio incluían temas de Miguel Matamoros, Rafael Ortiz, Ignacio Piñeiro y otros grandes autores de la época. Fueron las primeras en implementar un trío no instrumentalista (como el Trío Matamoros), sino tres voces diferentes melódicas: prima, segunda y falsete, o prima, segunda y una tercera voz, todas distintas.


También fueron las primeras en mostrarse en la televisión, de la cual son fundadoras para la época en su natal Cuba.

Dada su calidad histriónica llegaron también a ser figuras de la radio; se mantuvieron vigentes por años con programas en las emisoras CMQ y COCO, y sus voces identificaban la imagen de la emisora Radio Cadena Habana, además siempre figuraban por sus excelentes juego de voces en los jingles de los bares de la época.

Cantaron junto a grandes figuras en el Tropicana y en el Teatro Nacional, como la Sans Souci, la Sonora Matancera y Esthercita Borja -entre otros artistas- y mantuvieron un repertorio importante de temas infantiles, como La Bola. Algunos de sus otros temas fueron: Longina, El plebeyo, Madresita, La bella cubana, Mi dicha lejana, Canción de Navidad, Sombras, Ella y yo, y Tú me has engañado, entre otras.
Fuente: Revista La Salsoteka, Año 1, Edición 09.


Las Hermanas Lago - El Primer Trío Femenino de Cuba

Temas:
01 Longina
02 Ella y yo
03 Bella cubana
04 Corazón
05 Déjame sola
06 Popurrí cubano
07 Mi dicha lejana
08 Recuerdos de Ipacaraí
09 Sombras
10 Mi pobre amor
11 Despierta amor mío
12 Tú me has engañado
13 Unidos los dos
14 Si llego a besarte
15 En un final me importa poco
16 Canción de Navidad

domingo, 19 de octubre de 2014

Carlos Campos - 15 Exitos

Carlos Campos "El Campeón"
1911 - 1999

Una de las grandes figuras de la música tropical mexicana fue, sin lugar a dudas, el maestro Carlos Campos.

Apodado El Campeón, tuvo una vida llena de éxitos y su orquesta una de las más aclamadas por el México que se nos fue; su fin: olvidado por todos. Hoy lo recuerdo con algunos de sus grandes éxitos, con ustedes El Campeón:



“Puros recuerdos y recuerdos”


Entrevista a Carlos Campos.

El Campeón, aquel creador del danzón, lentamente sucumbe... Su mirada refleja una profunda tristeza, una nostalgia que se encajona en todo su envejecido y vulnerado cuerpo. Ahora, no es como antes, pues El Campeón a sus más de 86 años, con dificultad se tiene que acompañar con su mejor amigo, el bastón, para poder levantarse, dar unos pasos y no estar encerrado en este asilo de la ciudad de La Eterna Primavera.

Con lágrimas en los ojos, aquel hombre de fuerzas, de alegría, de felicidad, de música, su rostro ya arrugado por el paso del tiempo, asegura que su ilusión antes de morir es tener entre sus delgadas manos una guitarra, un saxofón o “estar al frente de una orquesta” para que así, descanse en paz y recuerde sus “momentos de triunfo” cuando en la época de los cuarenta a los sesenta reunía conglomeraciones inmensas en sus bailes.

Hoy, Carlos Campos, sólo mira a través de la ventana aquellos cuerpos que, con gran dificultad, caminan a lo largo y ancho de este asilo para ancianos. O, en todo caso, dice, su vida se le va “contemplando sus trofeos que están en el suelo”. Son más de diez. Y, más aún, es terrible su vejez porque en una de las paredes pende un retrato donde don Carlos Campos luce jovial con menos de 30 años. Además, lo acompaña un disco de oro que le fue entregado por las altas ventas que logró por sus danzones: “Puros recuerdos, recuerdos”, dice con una voz ronca.

Físicamente, sus manos ya desgastadas se asimilan con su vista cansada. En su piel, detalladamente, se ve como la vida se fue acumulando y ahora, Carlos Campos, ese hombre de música, el rey, el único, el que fuera ídolo, millonario, feliz... sólo pide que lo dejen vivir en paz y lo “ayuden económica y médicamente, porque ante la falta de recursos su enfermedad del sistema nervioso, poco a poco lo están desvaneciendo. Ya ve, ahorita ni puedo pararme”, se sostiene con su bastón en manos.

En un cuarto de cinco por cinco, en el asilo Díaz de León en la ciudad de Cuernavaca, El Campeón descansa en un viejo sillón y afuera de la habitación almas y más almas caminan con gran dificultad. “Les pesa la vida”, diría El Campeón. Con un coraje profundo, además, el viejo, agregaría: “Me siento como un perro en la calle, solo, sólo con un bastón”.

Nervioso, tenso, con odio... sumaría: “Aquí en el asilo se acaban las visitas; incluso la de los propios hijos”.

Don Carlos Campos se deprime más cuando dice “que fue millonario” y ahora está en las ruinas: “No tengo ni un centavo”. Su error afirma: “Fue heredar a mis hijos en vida”. Todo lo que quisieron lo tuvieron a su alcance. Una hija tuvo un instituto de idiomas y ahora que necesito su ayuda, de todos, ni me recuerdan. Saben que existo pero que digan: “Voy a visitar a mi papá: ¡Eso no!”. Sin embargo, a pesar de todo esto, asegura, “no les guardo rencor”.

El autor de danzones como Fichas Negras y Teléfono a Larga Distancia viste una camisa blanca, pantalón y zapatos negros. Desde mayo de 1997 don Carlos Campos, el danzonero que visitaba Veracruz, Oaxaca, Guerrero, Puebla... cuando estaba al frente de su orquesta, se deprime aún más cuando puntualiza que ni sus mejores amigos de su época lo visitan aquí en el asilo: “Ellos se interesan por sí mismos y por Carlos Campos, ¡no!”.

Sin embargo, a su edad, no todo es tristeza, pues al intérprete del danzón Juana se le observa una amplia sonrisa cuando habla de su estancia por el Salón México o por la Unión Americana al frente de la orquesta: “¡Ayyyyyy todo era bonito y, sobre todo, aquí en México los 15 de septiembre y días festivos! En los Estados Unidos en todos los lugares que me presenté, todos fueron triunfos”. También, se siente a gusto cuando recuerda aquel público de su época que le bautizó y lo reconoció como El Campeón: “No fui famoso, sino que me hicieron... (porque) el cariño del público lo llevo en mi corazón”. Y, agrega: “Esa gente gozó y disfrutó de Carlos Campos y, creo que, lo recuerdan con mucho gusto. Me sentí contento al lado de ellos”.

A sus 86 años, quien grabara 45 discos y galardonado con el trofeo La Orquesta Más Taquillera, en entrevista, recuerda su pasado, sus triunfos, sus tristezas, su abandono, sus hijos, su público... todo.

EN EL ASILO SE ACABAN LAS AMISTADES

-¿Desde cuándo permanece aquí en el asilo?

-Desde mayo del año pasado (1997) cuando mis hijos, con quienes estaba, me confirmaron que ya no tenían un lugar donde mantenerme. Entonces dije: ¿Para qué estoy con ellos? Con un poco de dinero busqué este lugar. -Al responder, por primera ocasión, los ojos de don Carlos Campos, rápidamente, humedecen.

-Pero, sus hijos lo visitan, ¿no es así?

-(Silencio. Su mirada es muy triste, humedece). Cierra sus párpados y afirma: “No, no me visitan. Ahora que necesito una ayuda de ellos ni me recuerdan. Lo tuvieron todo. Que digan voy a visitar a mi papá, ¡eso no!”.

-¿Eso le da coraje?

-Firme con una voz ronca responde: “¡No!”.

-Sus nietos desde luego tampoco lo visitan, ¿verdad?

-No. Aprecio mucho a Carlos Roberto. Tengo cinco nietos y cuatro se llaman Carlos. Al último ya no le pusieron Carlos porque entonces le iban a decir Carlos V como el chocolate, el de la tele. (Risas, muchas risas). Los quiero mucho, pero es más fácil que los visite que ellos a mí.

-Oiga don Carlos Campos pero sí lo visitan, por ejemplo, sus compañeros que fueron de orquesta, ¿no?

-(Su mirada se inclina donde están sus trofeos. Mira muy, muy triste como recordando su pasado). Respira profundamente, luego truena: “¡Nooooooo, aquí se acaban las visitas. Aquí en el asilo se acaba todo, todo!”.

-¿Ni su mejor amigo viene a verlo?

-¡Nooooo!; tuve varias personas que les tuve aprecio como músicos, no como amigos; sin embargo, ellos a mí ¡no! Ellos se interesan por sí mismos y por Carlos Campos ¡no!

-¿Por qué cree que no lo visitan?

-Por mala voluntad, porque ellos se siguen creyendo Carlos Campos.

-Y, ¿tampoco les guarda rencor?

-A veces sí; sin embargo, quiero decirle que ellos hicieron su vida aparte y, la verdad, nunca han podido hacer nada porque falta la cabeza de la orquesta, o sea, Carlos Campos.

-¿Aún cuando alguno de ellos siga al frente de la orquesta?

-No; porque ellos tienen registrado el nombre de Carlos Campos: ¡Son los dueños! En cambio, yo no soy nadie. Ellos pueden hacer lo que quieran y trabajar donde sea.

-Por cierto don Carlos, ¿porqué nunca registró el nombre de la orquesta?

-Venus Rey, entonces secretario general del Sindicato Único de Trabajadores de la Música del Distrito Federal, le informé de mi decisión de retirarme de la música, aceptó, pero me dijo que la orquesta seguiría y mi nombre también. No se me ocurrió registrar el nombre del grupo porque les tenía mucha confianza a todos; sin embargo, resultó todo lo contrario. Me indicó que a los músicos los indemnizara o que les dejara el nombre, pues de lo contrario me demandaría. Registraron el nombre y, después, nada pude hacer.

-Volviendo un poquito a su estancia aquí en el asilo, ¿cómo es su vida aquí?

-Bueno, como músico gocé de todo. Toqué danzones y tropical y la gente se fascinaba; en cambio aquí sólo pienso en la soledad, abandono y tristeza. En el asilo raramente toco el piano que está en el comedor. En la mañana desayuno y después, todo el día, uno se queda aquí. A la una de la tarde le tocan la campana para comer y, posteriormente, agarro camino para mi cuarto. Además, con la muerte de mi esposa todo cambió: “¡Nomás imagínese!” Comíamos juntos, siempre, y ahora ando como un perro en la calle sólo con un bastón para sostenerme. ¡Estoy solo! Me siento mal ahora que no estoy en mi ambiente. Eso es la rutina.

-¿Adónde viaja su mente cuando toca el piano?

-¡Pues a la música! (Una sonrisa embellece su rostro. Su mirada luce alegre. Sus ademanes parecen estar tocando, verdaderamente, un piano). Toco el piano porque recuerdo a los danzones y al cha-cha-cha de mi época. Para no pensar en la soledad, ni en el abandono, me gustaría permanecer al lado del ritmo que toqué.

COMO MÚSICO FUI MILLONARIO; AHORA NO

-Entonces maestro, ¿por qué abandonó la música?

-Dejé la música porque tenía mucho dinero. En la época de Echeverría llegué a tener un millón de pesos. Era millonario y, con tanto dinero, me vino a la mente de abandonar la música. Con los intereses del banco pagaba la casa y aún me sobraba fortuna. Me entristece decir: ¡Fui millonario!

-Todo ese dinero que menciona, ¿dónde está?

-Está con mis hijos y mi error fue heredarlos en vida. Todo lo que quisieron estuvo a su alcance. Una hija tuvo un instituto de idiomas y ahora que necesito la ayuda de todos ni me recuerdan.

-Hoy en día, ¿todavía tiene parte de ese dinero?

-Ríe, ríe: “Poquito”.

-Sin embargo, El Campeón se dio gusto con su dinero, ¿no es así?

-¡Sí; y mi placer se enfocó a los carros! -Exclama emocionadamente-. Tuve coches americanos y europeos. Me gustó viajar y conocí lugares como Egipto, Cuba, Israel y Estados Unidos.

-Al frente de su orquesta, de su fortuna, ¿qué satisfacciones recuerda?

-¡Ahhh, pues que a cualquier lugar donde iba mi nombre quedó grabado!; es decir, en Juchitán, Michoacán, Veracruz, Distrito Federal... Todos coreaban el nombre de mi orquesta y el de Carlos Campos. ¡Siempre confié en mi persona!

-Maestro platíqueme, ¿cómo surgió su orquesta?

-La empecé a organizar estando en un cabaret. Ahí trabajaba con diez personas. Posteriormente, con el tiempo me dieron la facilidad de quedarme con la orquesta y a partir de ese momento se formó de 12, 14 y hasta 15 elementos. Después con este número de músicos me fui a trabajar al Salón México donde gané popularidad.

-De esos escenarios como el Salón México, ¿qué recuerda?

-Lo recuerdo mucho, mucho. Aquí en México recuerdo mucho a este salón y, desde luego, a la Unión Americana.

-¿Cómo eran esos bailes en el Salón México?

-¡Ayyyyy todo era bonito y, sobre todo, los 15 de septiembre y días festivos!

-En los lugares de los Estados Unidos, ¿también era bien recibido?

-Sí; me presenté en Los Ángeles, en Chicago, Texas y otras partes. ¡Todos fueron triunfos!

-¿Recuerda qué le gritaba la gente?

-Sonríe: “¡Todo era un escándalo! Me recibían bien, muy bien”.

-De todos sus danzones, ¿cuál era el preferido del público?

-Me pedían mucho Juana y Teléfono a Larga Distancia. ¡Dos danzones maravillosos y bonitos!

-Y, ¿cuál le gustaba más a usted?

-(Carlos Campos acomoda de su sillón. Levanta la mano como dirigiendo una orquesta. Ríe, está contento, demasiado. Una sonrisa cubre su arrugado rostro). Empuña su bastón y recuerda: “Me gustaban todos, pero el primero que toqué y me gustó fue Fichas Negras que, por cierto, pegó mucho”.

-Oiga don Carlos, ¿usted cree que hizo feliz a su público?

-¡Sí, sí! La gente gozó y disfrutó de Carlos Campos. Creo que lo recuerdan con mucho gusto y, desde luego, me sentí satisfecho en cada uno de los escenarios donde toqué.

-¿Qué le diría al público de esa época?

-Pues que fue un placer estar al lado de ellos. Sería agradable poder saludarlos y juntos oír música de Carlos Campos.

-Maestro, ¿dónde guardó el cariño del público?

-(El silencio se vuelve más silencio. Alguien se asomó a la ventana y de reojo volteó. Sus ojos humedecen de nueva cuenta. Su mirada se vuelve triste, opaca. Limpia, con delicadeza, sus lágrimas que apenas y brotan). Después lleva su mano derecha al corazón, la mantiene ahí por unos segundos y afirma: “Pues aquí, aquí en el corazón. Aquí está el aprecio de la gente”.

LA GENTE ME LLAMÓ EL CAMPEÓN

 -¿Por qué nació eso de El Campeón?

-Mire, me lo pusieron por la popularidad y venta de discos. Fue un director artístico de una difusora que me llamó así.

-¿Aún se siente El Campeón?

-Ríe, ríe: “El público es quien me considera; yo no”.

-El Campeón, ¿en qué años tuvo su mayor apogeo?

-De los cuarenta a los sesenta.

-De todos sus discos, ¿cuál dejó satisfecho a El Campeón?

-¡Todos!, pues conforme los iba grabando me gustaban más y más.

-¿Se sintió famoso?

-No precisamente por mí, sino que me hicieron famoso. Yo no soy de los que digo ni nunca he dicho: ¡Soy famoso, no! El público fue quien me hizo porque le gustó lo que hice.

-A El Campeón, ¿le faltó algo por hacer?

-No; y todo lo que tenía pensado se realizó.

-Aquí veo en su cuarto trofeos, ¿cuál le faltó ganar a El Campeón?

-Ninguno; y estos son sólo algunos. Los otros los tengo guardados, porque si estuvieran aquí no cabrían. Están los indispensables.

-¿Qué siente por ellos El Campeón?

-Aprecio. Tengo uno muy especial que dice: La Orquesta Más Taquillera.

-¿Qué opinión tiene El Campeón de los danzones de hoy?

-Ahora son bandas y grupos. Es otro tipo de música, no la critico, porque la juventud es otra. Ahora son Bronco, Banda Maguey y muchos más.

-Es cierto que El Campeón le dedicó un danzón a Carmen Salinas, ¿por qué?

-Sí; y fue porque le tenía mucha simpatía, pero ahí tiene, no lo reconoció. Lo valoró en el momento cuando existía el programa Visitando las Estrellas con Paco Malgesto, a quien Carmen le dijo: “Carlos Campos me dedicó un danzón y lo vas a escuchar”; sin embargo, jamás le hizo promoción y todo pasó desapercibido.

Don Carlos Campos no es bajo, no es alto. ¿1:70 de estatura? Su piel es blanca y sus ojos cafés. Su frente es amplia y sus cejas son semipobladas. Sus labios son semigruesos. Su voz, a veces, es tenue, ronca, exclamativa, varía. Su humildad, sencillez, cordialidad, humanidad lo hacen ser todavía, creo yo, El Campeón. No es vanidoso, no agranda su pasado, ¡nada de eso!, al contrario, entristece, le da coraje, no sólo sus hijos; sino también sus mejores amigos y compañeros, que no lo visiten y sigan al frente de su orquesta sin tomarlo en cuenta.

EL DON DE SER MÚSICO SE LO DEBO A DIOS

 -¿Quién fue Carlos Campos antes de llegar a ser músico?

-¡No fui nadie! Sin embargo, quiero decirle que nací para la música y no para otra cosa. A los 12 años sin estudiar, nada más de puro oído tocaba los instrumentos y conforme pasó el tiempo aprendí mucho. No estudié piano, ni solfeo, ni armonía e incluso así llegué a ser músico. Ese fue un don que me dio el Señor, el cual se lo agradezco mucho.

-¿Cómo eran los padres de Carlos Campos?

-(Silencio. Mucho silencio). Luego, pausadamente, agrega: “Eran luchadores por la vida. Mi padre tocaba el violín y yo el piano”.

-¿Dónde vivía?

-(El dolor aumenta pues Don Carlos lleva ambas manos a sus vulnerados ojos. Con gran dificultad levanta, abre la puerta, respira y vuelve a sentarse). Respira profundo, empuña su bastón y con un coraje en su rostro, recuerda: “Viví en la colonia Doctores. Tuve una infancia triste. Fuimos 12 hermanos y difícilmente nos daban dinero y la verdad no sé cómo nos sostuvieron. Por eso, cuando junté fortuna apoyé a mis hijos y nunca les faltó nada”.

-¿Cómo quisiera ser recordado El Campeón?

-(Triste, muy triste se ve el rostro de Don Carlos Campos). De su pecho una voz apenas firme logra escucharse: “El día que muera no quiero velatorio toda la noche y que digan: ¿Te acuerdas de Carlos Campos, El Campeón?, ¿Qué hermosos fueron sus danzones?, ¿sus bailes? ¡No, no quiero eso! Si fallezco que me lleven al crematorio y punto”.

-Por último maestro, una pregunta que tal vez no le vaya a molestar, ¿aquí en el asilo ha pensado en el suicidio?

-(Silencio absoluto. Las almas pasean allá afuera. Unos canosos, otros menos. Unos viejos, otros menos. Unos más que otros con ganas de vivir. Se les nota en sus vulnerables rostros. Don Carlos Campos luce un cabello muy blanco, como el color de la nieve. Es muy agradable y sencillo. Cuando le pregunté esta interrogante, como un niño ofendido, llevó su mano derecha, con su pañuelo, a sus cansados ojos). Las lágrimas volvieron a aparecer y esta vez tronó, tristemente: “¡Sí, sí he meditado en el suicidio!”.

El reloj marcaba casi la una y la rutina del asilo nos impidió platicar más. Antes de ir a comer Don Carlos Campos volvió a remarcar: “Necesito ayuda económica y médicamente. Estoy en la pobreza”.

Junto a mis hermanas y mi madre salimos destrozados.

Cuernavaca, Morelos, Junio de 1998.
Fuente: por Bladimir Villegas García, en vocesdelaculturamexicana.jimdo.com,

domingo, 12 de octubre de 2014

María Alma - Canta sus éxitos

(1915 - 1955)

María Luisa Basurto Río de la Loza "María Alma"

Nació el 6 de octubre de 1915, en Monterrey, Nuevo León. Fueron sus padres Don Manuel Basurto Campos y Doña Estela Río de la Loza Porchini. Falleció el 10 de mayo de 1955.

Vivió en Monterrey, Nuevo León, en la ciudad de Houston, Texas y en la ciudad de México. Estudió primaria, cursó la carrera comercial y después la carrera de Cultora de Belleza. En Monterrey realizó también algunos estudios musicales.

Su carrera como compositora la inició en Monterrey, donde trabajó en las estaciones XEMR y XET; posteriormente, ya en la ciudad de México, en 1940, ingresó a la XEW. Su primera obra fue "Noche de mar".

Fue cantante y compositora. Durante un tiempo fue también bailarina. Le gustaba mucho el mar, el campo y viajar; así como la guitarra y el piano.

Era dulce, sumamente romántica, melancólica y apasionada por la música, que fue su vida. Siempre le gustó escuchar todo tipo de música, pero su predilección era para el bolero.

Sus obras que más satisfacciones le dieron, fueron "Compréndeme", que fue grabada por Marco Antonio Muñiz, Vicky Carr, Genaro Salinas y por ella misma. "Tuya", que fue el tema de la película "La mujer sin alma", que protagonizó María Félix.

Su obra obtuvo importantes reconocimientos, como Discos de Oro y de Plata por "Compréndeme", "Tuya" y "Perdí el corazón".

Diplomas por "Ya llegó el vapor", "Si fuera una cualquiera" y otras.

Recibió homenajes en varias ciudades, como en Monterrey, en el Teatro Calderón y en la Macroplaza, en la Explanada de los Héroes. También ha sido reconocida a través de programas de radio y televisión, en todo el país.

María Alma recordaba con mucho cariño todas las muestras de aprecio y simpatía que recibía del público, pero en particular hubo uno que le organizaron los voceadores de México por su canción "El papelerito", que fue tema de una película. En ese homenaje le obsequiaron un reloj de oro que conservó siempre con mucho amor.

Falleció en la plenitud de su vida como cantante y compositora.
Fuente: http://www.sacm.org.mx/archivos/biografias.asp?txtSocio=08064


María Alma

Cantante y compositora de temas como: "Compréndeme", "Tuya soy" y "Perdí el corazón", entre otras. Estuvo casada con el maestro Fernando Z. Maldonado, que fue compositor, arreglista y director de orquesta. Se conocieron en la XEW, en la cual ella formaba parte como una de las artistas fundadoras de la misma estación de radio.
Fuente: https://www.facebook.com/permalink.php?id=425721984141301&story_fbid=425725980807568


De su matrimonio con Fernando Zenaido Maldonado Rivera (Fernando Z. Maldonado) nacieron dos hijas: María Alma y María Mirza, de las cuales Myrza (nombre artístico) se encuentra dedicada a la actividad artística, llevando la canción ranchera y romántica por diferentes partes del mundo como embajadora musical de México.
Fuente: http://es.wikipedia.org/wiki/Fernando_Z._Maldonado


Maria Alma - Canta sus éxitos


Compréndeme 

Yo quiero que comprendas vida mía

que tu amor y mi amor no pueden ser,
que quiso ser sincera el alma mía
y por no herirte a ti todo callé.

Te tuve una vez muy dentro de mi corazón
y no sé por qué me fui alejando de ti,
perdona mi bien si digo toda la verdad,
la vida es así y debes de comprenderme.

No volverás a escuchar mis palabras de amor,
ya no tendrás el sabor de mis besos,
y quiero desearte hoy que me alejo de ti
que encuentres al fin quién comprenda tu cariño.

domingo, 5 de octubre de 2014

Mon Rivera con Moncho Leña y Los Ases del Ritmo - Más éxitos inolvidables

Mon Rivera
(1924-1978)

En la vida de Mon Rivera, como en los trabalenguas que le hicieron famoso, resuenan los dolores, alegrías, cadencias y carencias del puertorriqueño de mediados del siglo pasado: pobreza, música, béisbol, migración, drogas y olvido.

Mon, cuyo nombre de pila fue Efraín Rivera Castillo, heredó el apodo de su padre Ramón Rivera Alers, hoy recordado como El Viejo Mon Rivera. De él también aprendió los toques y cantos pleneros que años más tarde inmortalizaría junto al timbalero Moncho Leña allá en la ciudad de Nueva York.

Corrían los años treinta y en Mayagüez se vivía la pobreza extrema. El Viejo Mon se ganaba la vida por las calles entonando coros publicitarios para los comercios. Acompañado del pandero, improvisaba y componía letras que retrataban la cotidianidad de su gente. Más allá de su oficio de plenero publicitario, desarrolló un estilo de hacer plena que heredaron sus hijos Efraín e Ismael "Cocolai" Rivera González. Ellos lo seguían por el pueblo y lo acompañaban durante las festividades de Reyes Magos, fecha en que la plena inundaba las calles mayagüezanas.

En su juventud, Efraín combinó el toque del pandero con el swing del bate de béisbol. Jugó con el equipo Las Mesas en la Liga del barrio París en Mayagüez al lado de íconos del deporte como Luis "Canena" Márquez, Jorge "Múcaro" Rosas y Luis "Kimby" Avellanet. Pero llegó el momento de decidir, pudo más la música y Mon optó por irse con su plena a Nueva York a inicios de los años cincuenta.

En la Gran Manzana, Efraín se conviritó definitivamente en el gran Mon Rivera. Cantó con las agrupaciones de Willie Manzano, Jose Cotto, Cholo y su Combo y Luis Quintero. Compartió escenario con Tito Rodríguez, Tito Puente, Machito Grillo y el Combo de Rafael Cortijo. Grabó sus plenas, pero también merengues, guaguancós, mambos y pachangas.

Aún así, fueron las plenas compuestas por su padre en Mayagüez las que lo inmortalizaron en esa etapa junto a Moncho Leña y Los Ases del Ritmo. Agarró temas como El Gallo Espuelérico, El Palo de Pana, Carbón de Palito y Aló quién ñama, les hizo arreglos con vientos e instrumentación de orquesta, y puso a gozar con su plena a los bailadores en Nueva York.

Compartió también en Nueva York con su hermano Cocolai, percusionista y sonero, que formó parte de varias de las agrupaciones en las que Mon cantó la plena que ambos heredaron de su padre.

Ya en los años sesenta Mon y su plena con trombones, bautizada como la Trombanga, eran un referente. Influenció el sonido salsero que se desarrolló a finales de esa década e, incluso, en 1962 La Perfecta de Eddie Palmieri lo acompañó en dos temas de su album Qué Gente Averiguá: Lluvia con Nieve y En Casa de Pepe.

Como tantos otros boricuas, de la banda allá y la banda acá, Mon cayó en el abuso de las drogas. Su trabalenguas no se oyó en tiempos del boom salsero en Nueva York hasta que Willie Colón lo rescató en 1975 con el LP Se chavó el vecindario. Este álbum es considerado por muchos expertos como uno de los mejores de la historia de la salsa y en él se destacaron dos temas: La Humanidad, de don Tite Curet Alonso, y Ya llegó, de Felito Félix.

Mon murió en marzo de 1978 de una hepatitis provocada por sus problemas con las drogas. Su último disco junto a Willie Colón, Forever, salió tras su muerte y no tuvo el impacto del anterior. Desde entonces, han sido muchos los artistas que han enfatizado en la influencia de Mon en sus carreras. Entre ellos, Rubén Blades, quien lo homenajea en su versión de la canción El telefonito, y Oscar D' León, quien en repetidas ocasiones ha hablado sobre su admiración por el mayagüezano. Incluso, la agrupación Los Dislocados, una banda salsera de Ucrania, imita el trabalenguas de Mon en un fragmento de su canción Plena Pa' Tontos.

En Puerto Rico el nombre de Mon Rivera pasa inadvertido para muchos, sus canciones, así como las del Viejo Mon, están fuera de la radio por problemas legales y las imágenes de sus presentaciones en vivo escasean. Aún así, en las fiestas, calles y parrandas, no dejan de escucharse coros como "en el palo de pana vive Juana Morales..." o "la humanidad, qué quiere la humanidad". Y pocos, si alguno, se resisten a bailar cada vez que escuchan aquel coro en trabalenguas que dice: "askarakatakatiskistaskatiskis..."
Fuente: http://www.mayaguezsabeamango.com/los-nuestros/mon-rivera


domingo, 28 de septiembre de 2014

Lydia Fernández - La Cancionera de México

Lydia Fernández
 
En uno de mis acostumbrados recorridos sabatinos por los mercados de la Lagunilla y Tepito, en los que a veces se compran por unos cuantos pesos verdaderos tesoros, me detuve un día en uno de esos bazares donde lo mismo se topa uno con alguna estatuilla de mármol de Carrara, que con unos pantalones zurcidos del trasero y que, con el cuento de que pertenecieron a don Porfirio, se dejan pedir "un ojo de la cara". Ahí, donde son capaces de vender a algún incauto el cráneo de Pancho Villa "cuando era chiquito", encontré algo insospechado.

Desde luego no me refiero a ninguno de esos centenares de artículos de factura extranjera, comúnmente llamados "falluca", que de un tiempo a la fecha han invadido ilícitamente los antes pintorescos, aunque no menos ilícitos, "tianguis" de compra-venta de "chueco"; me refiero, simplemente a un disco de 78 revoluciones por minuto, de aquellos que, con sólo mirarlos feo, se hacían trizas.

"¿Y ése es el tesoro insospechado?", se preguntarán.

LA "COBARDIA" DE LYDIA

Bueno, es que el disco en cuestión no era un disco cualquiera. ¡Había yo adquirido una grabación de Lydia Fernández!

Ella, que nada tiene que ver con Fernando, Ana María y Jorge, del mismo apellido, nació en Guadalajara un 4 de julio. Fue la primera mujer que, como solista, interpretó la música del también tapatío Gonzalo Curiel. ¡Y cómo lo hacía! Su porte distinguido y su cálida voz hacían suspirar a la "chaviza" de los "treintas".

Desafortunadamente, su prematuro retiro impidió que las generaciones posteriores la escucharan y, por lo tanto, que supieran de su calidad artística. De ahí la importancia de poseer esa joya con dos de sus primeras grabaciones, "Mírame a los ojos" y "Cobardía", que en la actualidad son piezas codiciadas por melómanos y coleccionistas.


Pasado algún tiempo conocí a Lydia Fernández, y fue así que Lydia me habló:

¡PRESENTANOS A TU DIVA!

"Radicaba yo en Mérida cuando, en 1936, llegó a esa ciudad Gonzalo Curiel con su orquesta, contratado para tocar en los bailes de carnaval. Siempre había querido conocerlo y ahí se cumplió mi deseo cuando fui presentada a él, por Alonso López Méndez, hermano del vate Ricardo."

"En esa época yo cantaba en una radiodifusora local. Mis compañeros eran Teté Cuevas, José Gamboa Ceballos, Alvarito, Pepe Domínguez y Rosa María Alam. Bastó la invitación de Curiel a debutar en la capital, para emprender el viaje llena de ilusiones".

"En el barco en que viajábamos venían también 'Las Cantadoras del Bajío', dueto formado por María Luisa López y Manolita Arreola. Recuerdo, a propósito, que esta última le dijo a Chalo con cierta sorna: '¡Oye, preséntanos a tu diva!', pero yo, inexperta por lo menos más que ella, no supe si su expresión fue de simpatía o de burla."

EL ESTRENO DE ANOCHE

"Ya aquí en el Distrito Federal, hubieron de pasar cerca de tres meses para recibir mi primer contrato".

"Cuando estaba pensando que lo mejor sería regresa a La Tierra del Faisán y del Venado, fui llamada para sustituir a Ana María González en el Teatro Follies. Bajo la protección de Curiel y de don Pepe Fustemberg, debuté con gran éxito estrenando 'Caminos de Ayer' y 'Anoche', en revistas montadas especialmente para mí. Las estrellas del teatro eran Don Catarino, Manuel Medel y Cantinflas. El resto del elenco lo completaban Paquita Estrada, Chelo Gómez y un trío excéntrico-musical constituido por Míster Lee, Santos y Alicia. La dirección musical estaba a cargo de don Mario Ruiz Suárez, padre del conocido compositor Mario Ruiz Armengol."

TRES "CUARTOS" CON FOCOS LUXO
"No había tanscurrido ni una semana de mi presentación en el teatro, cuando ya me encontraba trabajando también en XEW, que era el sueño dorado de todos los artistas. Con el sobrenombre de 'La Cancionera de México', fui bautizada por Arturo de Córdoba, cuando era un novel locutor radiofónico."


"El programa pasaba tres veces por semana, con duración de un cuarto de hora y patrocinaba Focos Luxo."

PERDIO LA VEREDA

"Casi simultáneamente empecé a grabar en la Peerless, bajo la dirección de Guillermo Kornhausser. El estudio era un garage rudimentariamente acondicionado con un tapetito y dos micrófonos; las paredes forradas con ayates, a manera de material acústico, completaban el equipo."


"Pero lo curioso del caso es que en dos semanas había hecho radio, teatro, grabaciones y centro nocturnos, pues a unos cuantos días de distancia, Don Vicente Miranda me llevó a 'El Retiro', un cabaret muy famoso ubicado frente al toreo, de la colonia Condesa. Ahí canté con la orquesta de Adolfo Girón y con 'Raulito, el Cartero del Aire'. También estuve una larga temporada en el 'Tap Room' del Hotel Reforma."


"Durante una gira que realizaba por Tamaulipas, fui buscada por Gonzalo Curiel para hacer el doblaje de 'Vereda Tropical', que 'cantaría' Esther Fernández en la película Hombres de mar. Al no ser localizada por ningún lado se puso en contacto con Lupita Palomera para que interpretara la canción que yo había estrenado. Y por cosas del destino, fue Lupita y no yo, la que inmortalizó esa bella melodía."

"A fin de cuentas, sólo me inquieta una cosa... ¡Hasta dónde hubiera podido llegar de no haberme retirado tanto tiempo? Porque como mujer creo estar plenamente realizada, pero ¿como artista?"


Lydia Fernández ha cumplido 50 años de cantante profesional, ha realizado varios discos de larga duración, sigue haciendo presentaciones esporádicas en televisión, centros nocturnos y XEW, la estación que le dio la bienvenida en 1937 y en la que no la olvidamos nunca.

Por HECTOR MADERA FERRON






Acerca de Lydia Fernández:

"Esta cantante nació en la ciudad de Guadalajara y según Pablo Dueñas en su libro Bolero: Historia documental y gráfica, ella tenía una potente y original voz. Logró que el compositor de moda, en aquellos tiempos, el también tapatío Gonzalo Curiel la incluyera en sus programas radiofónicos de la naciente emisora XEW. A Lydia Fernández le decían la Cancionera de México. Falleció a mediados de los años noventa."
Fuente: http://elcuerpoaguanteradio.blogspot.mx/2011/06/menu-para-el-programa-del-viernes-10-de.html

domingo, 21 de septiembre de 2014

Los Socios del Ritmo - El pregonero de Campeche


Temas:
01. No, no quiero que me dejes
02. Juntos
03. Ya llegamos al final
04. Tonchin
05. El cuchillito
06. El pregonero de Campeche
07. Te vi partir
08. El muñeco de la ciudad
09. Patty
10. Llévame contigo
 

domingo, 14 de septiembre de 2014

Mariachi Garibaldi - 16 Cumbias Famosas con Mariachi

Celebrando las fiestas patrias con nuestro mariachi...


Temas:
01 La gota fría
02 El viejo del sombrerón
03 El africano
04 A mover la colita
05 La pava congona
06 Ay Chave
07 Cumbiamberita
08 Maruja
09 Se me perdió la cadenita
10 Las velas encendidas
11 La negra caliente
12 Cumbia del Caribe
13 La burrita
14 Morenita
15 La Zenaida
16 La chichera
 

 Mariachis - GIFMANIA

domingo, 24 de agosto de 2014

Luis Enrique Martínez: El bestiario alegórico en los cantos de "El Pollo Vallenato"

Luis Enrique Martínez
El Hatico, Fonseca, La Guajira, 24 de febrero de 1922
Santa Marta, Magdalena, 25 de marzo de 1995

Lo que los puristas llaman actualmente “vallenato-vallenato” en referencia a lo más auténtico de esta expresión vernácula tiene una impronta cuyo origen conviene precisar.

No es la huella de los cantares que con guitarra grabara Abel Antonio Villa y Buitrago, o Bovea inaugurando el acetato, tampoco tiene la rúbrica de Alejo y Náfer Durán con su lamento quejumbroso y su herencia de baile canta’o, se descarta que sea Alfredo Gutiérrez o Calixto Ochoa con sus eclécticas propuestas matizadas de porro, fandango, jalaíto, guaracha, guararé y hasta pasaje.

Para algunos fue Francisco Irenio “Chico” Bolaños “el que puso la plana” para definir lo que el tiempo reconocería como “vallenato puro”, pero la falta de evidencias fonográficas conspiran contra los aportes del molinero.

Luis Enrique Martínez Argote surge entonces como la figura cimera que con su impronta rutinera definió los patrones rítmicos y melódicos del vallenato que tanto gusta y que se resiste a los embates de la alienante transnacionalización comercial.

La aparición en 1948 en las pastas sonoras de este acordeonero y genial compositor, nacido en El Hatico el 24 de febrero de 1922, constituye un hito trascendente para el futuro de la música vallenata en cuanto se convierte en el músico que más influencia generaría en la evolución y definición de lo que hoy valoramos como vallenato tradicional. Eran épocas en que esta expresión musical era un tejido sincrético con un componente organológico sin definir, matices rítmicos derivados de cumbiambas, con influencias de los conjuntos de guitarra, con asedios desde los géneros extranjeros como la guaracha. Un género sin identidad propia que recibía toda suerte de sustratos musicales y que con el tiempo sufrió un proceso de selección endógena hasta definir sus propios componentes .

Los aportes de músicos como Luis Enrique Martínez contribuyeron a darle al vallenato su propio matiz, el que luego se legitimó en los festivales El que nos mostraron la dinastía de los López Acosta, López - Gutiérrez y López - Carrillo en La Paz, el que encumbró a Colacho Mendoza como consagrado, el que hoy representa la dinastía Zuleta; el vallenato de juglares como Escolástico Romero y Monche Brito, pero también el que a veces nos muestra Cocha Molina, Saúl Lallemand y Chemita Ramos Navarro en los festivales, el que toca el mismo Alfredo Gutiérrez cuando se le antoja tocar vallenato puro. Todos ellos han cosechado fama con un estilo que respeta los cánones de la tradición y la fidelidad a lo auténtico. Si se pregunta quién definió ese estilo sólo surge un nombre con dimensiones doradas: Luis Enrique Martínez, “El Pollo Vallenato”.

Quien quiera alcanzar el trono de rey vallenato en cualquier festival de la región tiene que tocar con un estilo, y ese estilo tiene nombre propio: la rutina de Luis Enrique Martínez. Cada festival es un homenaje al hijo de Santander Martínez y Natividad Argote, sus canciones son las más preciadas en el repertorio de los concursantes, su rutina se repite como regla ineluctable, sus pases colorean de virtuosismo a los acordeoneros que interpretan en su herencia el camino a una corona. Quienes han querido imponerse en los festivales con un estilo diferente han palpado el fracaso: el más vivo ejemplo fue el genial Juancho Rois, pero muchos sabaneros que no han “seguido la plana” de Martínez han chocado con la derrota .


Luis Enrique Martínez, el que desde niño acompañaba a Santander Martínez en sus correrías por Machobayo y Tomarrazón animando colitas, el trashumante de los caminos que recorrió toda la zona bananera, que junto a Alejo y Luis Felipe Durán estuvieron desandando caminos de las sabanas de Bolívar y los meandros del Sinú y el San Jorge; el mismo que en su errancia le cantó a Fundación como a El Copey y a la distante Villa del Rosario; el que en tierras extrañas se autodenominada “El pollo vallenato” para distinguir su estilo del sabanero y bajero, el que nunca aceptó otra influencia por mucho que alternara con músicos de otros estilo, fue también uno de los pioneros en la exploración de nuevos instrumentos como el bajo, el cencerro y los timbales, uno de los primeros en incluir un vocalista como lo hizo con Julio Vásquez, Esteban Montaño y Armando Zabaleta. Sería, según Julio Oñate Martínez, el pionero en los pases y arreglos con el bajo, lo que llaman “bajo repica’o” y que se volvió arpegio de gala en la canción vallenata.

Pero Luis Enrique Martínez no solo sería un gran “pollo” para la historia de la ejecución del fuelle mágico, sería uno de los más fecundos compositores que exploró y dio dimensión colosal a los cuatro aires tradicionales que él ayudó a legitimar. Su prolija producción musical se puede categorizar en vertientes temáticas tan diversas como: la crónica y el anecdotario parroquial, historias y testimonios de la tradición esotérica regional, la actividad agropecuaria, el lamento y la denuncia, la exaltación personal y el panegírico, su romancero amoroso e inventario sentimental.

Particularmente en estas dos últimas preocupaciones temáticas evidencia una recurrente intención alegórica, teniendo como referente simbólico la naturaleza animal. Esta actitud es común en los músicos previos y los de su época dada las condiciones y el sustrato material que su contexto rural y campesino les sugiere. Luis Enrique Martínez vivió su infancia entre ganado y acordeón, entre el cultivo y los cantos de vaquería, sus preocupaciones temáticas son fieles a su entorno y de éste toma referentes para crear una relación alegórica entre los atributos de las personas y los animales.

Luis Enrique Martínez pobló así su cancionero con un bestiario pleno de asociaciones naturales que nos van revelando el contexto rural de sus canciones y las matrices simbólicas como elemento nutricio de los cantos vallenatos tradicionales. Desde su misma denominación se autopropala como “El pollo vallenato”, un apelativo muy recurrente en el vallenato para llamar a los acordeoneros nuevos (en oposición a viejo que es “gallo”) y con mucha capacidad de digitación. En “El pollo vallenato” reclama sus propio nombre:

El pollo vallenato

Salgo a los fandangos con mi pañuelito rojo
y mi acordeón en la mano
dispuesto para tocar
Luis Enrique, el pollo vallenato
si es candela, lo que van a llevar
Luis Enrique, el pollo vallenato
si es candela , lo que van a llevar

La cultura vallenata pone de manifiesto tradiciones arraigadas desde la colonia como las riñas de gallo cuya práctica ha alimentado temáticamente a la música regional. Luis Enrique usa este referente para defender su desafiante actitud en una época pletórica en piquerias y cuando todos reclamaban territorialidad. Salir al fandango con su pañuelito rojo y su acordeón en la mano es una clara alusión a la salida a un ruedo para batirse con otro gallo (acordeonero).


Pero “El Pollo Vallenato” muy pronto adquirió su condición de gallo juga’o y la gallera seguía siendo símbolo de su escenario de contienda como lo expresa en el merengue “El gallo javao”:

El gallo javao

Yo soy el gallo javao
que a nadie le tiene miedo,
ejecuto mi acordeón
con entusiasmo y requisito,
en la valle e’ Villanueva
o en cualquier valla que sea
puedo hacer una pelea
con el gallo más guapito.

Sus argumentos de contienda, los más leales, también quedan explícitos desde el argot de la gallería:

Yo recibo al contendor
sin espuela envenenada,
pa’ empezar esta pelea
que examinen las espuelas,
habrá cielo, buche e'sangre,
morcillera derramada,
tiro de pasadera
y queda la pelea ganada.

Si la actitud desafiante y el virtuosismo del acordeonero es sinónimo de pollo o gallo en la cultura vallenata, Luis Enrique nos demuestra como el donjuanismo y el galanteo acerca el hombre al depredador. En el paseo “El gavilán del paraíso” exalta las virtudes de “cazador” de uno de sus amigos:

El gavilán del paraíso

A’lantico e’ la sabanas de San Angel
hay un gavilán sin plumas
que persigue a las pollitas
ya y que le tiene una trampa lista
pero yo juro que si cae se sale,
ya y que le tiene una trampa lista
pero yo juro que si cae se sale.

Otro amigo, otro escenario, pero iguales condiciones reafirman su alegoría en el merengue “El gavilán peligroso”:

Muchachas, les aconsejo,
les dice Enrique Martínez (Bis)
que hay un gavilán pollero
en las regiones del tigre (Bis).

El se ha puesto peligroso,
vuela de rama en ramita, (Bis)
se le pone el ojo lloroso
cuando mira las pollitas, (Bis)


Al reconocer en otros “gavilanes” sus rivales también, como es apenas natural, asume su posición de depredador como lo insinúa en el paseo “Gavilán sin alas”:

Gavilán sin alas

Oigan muchachos, en la ciénaga e’ Sapayán
hay un gavilán que está haciendo mucho daño, (Bis)
yo le estoy rogando que no se vaya a llevar
a la morenita que me tiene entusiasmado,
si ese gavilán visita esa ladera
a mi morenita pronto se la lleva. (Bis)

Pero la condición rapaz del galán se reviste de condiciones raciales en el paseo “El pájaro negro”. El reino de los animales también se vuelve escenario de prejuicios raciales y clasistas:

A mí me llaman el pájaro negro
porque ando cazando una paloma blanca, (Bis)
ay, siempre vivo con un desespero
por esa joven que si vale plata. (Bis)

La paloma blanca es la que yo quiero,
tiene sin esperanzas al pájaro negro. (Bis)


En los anteriores referentes musicales se hace evidente la presencia femenina como sujeto de depredación. La mujer es la víctima del don Juan y su actitud pasiva, dócil y heterónoma difiere del carácter errante, agresivo y autónomo del hombre. La mujer se encuentra representada alegóricamente por la pollita o la palomita que son animales revestidos culturalmente de atributos asociados a la mansedumbre y la domesticación. Lo anterior pone al descubierto algunos componentes de la actitud masculina hacia las mujeres en el territorio donde estos cantos vallenatos tienen sentido y relevancia social. Pero a diferencia de la pollita (carente de movilidad y anclada territorialmente), la paloma se usa como símbolo de la mujer esquiva, la impredecible y errante como se aprecia en el merengue “Te vas volando”:

Te vas volando

Ay , paloma te vas volando
sin dame un adiós siquiera, (bis)
me dejas triste llorando
como si nada valiera. (Bis)

Te fuiste y sólo me dejaste,
solo tristeza me queda,
de mí tienes que acordarte
porque el recuerdo que llevas
aunque vueles a otra parte
ese recuerdo no dejas. (Bis)

La misma alegoría se evidencia en el paseo “Qué triste me dejas” :
Adónde vas palomita
palomita volantona
no quiero que andes solita
no quiero que andes sola (Bis)
vuela palomita
palomita vuela (Bis)
si te vas solita
qué triste me dejas (Bis)


La misma condición de indefensión paradigmática de la mujer en los cantos de Luis Enrique la hereda el hombre cuando el destino lo inclina ante la mujer. El gavilán, el depredador, se torna un simple “pajarillo” también por su capacidad para cantar, como titula el paseo "Pobre pajarillo":

Pobre pajarillo

Se oye un pajarillo, si señores, en la montaña
que canta de tarde y de mañana muy bonito,
cuando llegan las horas de la noche se enguayaba
cuando llega al nido y lo mira solito.

“El Pollo Vallenato” fue un pregonero del animal como metáfora de la condición humana, que se volvió elemento de recurrencia en los cantos vallenatos más acendrados y auténticos. Sus canciones son reservorios de alusiones a esa estrecha ligazón entre música y sierra, entre verso y naturaleza que es sustento de los cantos primigenios. La figura de Luis Enrique Martínez reclama un sitial de privilegio en el alcázar de los inmortales, su aporte creativo, su rutina definida, su numen autoral son argumentos para, en hora buena, dimensionar su nombre como el músico más influyente en la historia del vallenato tradicional. 

Fuente: Por Abel Medina Sierra en El bestiario alegórico en los cantos de Luis Enrique Martínez, 2007 (con insustancial modificación). http://abelmedina.blogspot.mx/2007/09/mis-artculos.html