La Música Tropical: Patrimonio cultural intangible de la humanidad


La Música Tropical: Nuestro Patrimonio Músico-Cultural

domingo, 20 de julio de 2014

José María Peñaranda


Preámbulo imprescindible a su biografía
Como dice Oscar Salazar Montoya en la contraportada de uno de los discos del maestro Peñaranda, el primero que grabó en estéreo: “Tratar de hacer una biografía de José María Peñaranda sería problemático, porque este valioso elemento de la música popular ha acumulado tanto material que no bastaría con una sola biografía. Su vida, como la de todo gran valor, se ha llenado de éxitos, de fracasos, de amores, de fortuna y de pobreza. Peñaranda ha alcanzado todas las cimas y descendido hasta lo más hondo de la experiencia humana, con una violencia y una intensidad que pocos pueden registrarlo. Sus ritmos picantes y alegres se han escuchado en todas partes. Su estilo ha sido, a través de los años, inconfundible.”

Juventud
José María Peñaranda Márquez nació el 11 de marzo de 1907 en la ciudad costeña de Barranquilla, Colombia, que por aquel entonces era ya conocida como "La Arenosa" y en ella murió el día 7 de febrero de 2006, a punto de cumplir los 99 años de fecunda existencia.

De origen humilde, de pequeño acompañaba a su madre, doña Mercedes, a vender ropa y otras mercancías por la zona bananera. Tras obtener el grado de bachiller en el Liceo Celedonio Cervantes de la ciudad que lo vió nacer, tuvo que viajar por pueblos cercanos para ganarse la vida como electricista y constructor. Estuvo viviendo durante una época en Aracataca, la patria chica de Gabriel García Márquez, donde conoció a Francisco el Hombre, que con sus amigos de parranda pronosticó a Peñaranda un gran futuro en el mundo de la música, por la que se había sentido atraído desde pequeño. Antes de decidirse finalmente por el acordeón había probado con otros instrumentos como la guitarra y la dulzaina.

Comienzos y primer éxito
Comenzó a componer en el año 1937, pero sería cuatro años después, en 1941, cuando llegaría su gran éxito mundial, "El hombre caimán", inspirándose en un cuento del periodista Virgilio Diffilipo en el que se narraba que en la población de Plato, ubicada a orillas del Río Magdalena, se veía salir del agua un caimán con cara de ser humano y con dentadura de oro. En el cuento se dice que un hombre utilizaba el contenido de dos botellas distintas para ver a las mujeres que se bañaban en el río. Con el de la primera se convertía en caimán y con el de la segunda volvía a su apariencia humana.

En una de las cabinas de “Foto Velasco” de Barranquilla grabó la canción en un acetato y lo mandó a Argentina. Allí, "Se va el caimán" fue grabado por la Orquesta de Eduardo Armani, en la voz de Johnny Álvarez, y triunfa en ese país de forma rotunda.


La canción supondría el reconocimiento del compositor colombiano, estando durante un tiempo prohibida en la España de Franco por suponerse que satirizaba los falsos anuncios de retirada del dictador. También se pudo escuchar en la película mexicana "Pasiones tormentosas", dirigida por Juan Orol en 1945, interpretada por el cantante Kiko Mendive, convirtiéndose de este modo en el primer tema costeño llevado al cine. El caimán, como se la conoce popularmente, se tradujo a siete idiomas y es la canción más universal del folclore costeño, hasta el punto de que es considerada como el “Himno de Barranquilla” y, por algunos, el verdadero himno nacional de Colombia. Instituciones musicales de un nivel tan elevado como la Orquesta Sinfónica de Londres y Plácido Domingo han incluido ‘Se va el caimán’ en sus repertorios.


Preguntado por su más famosa obra en una entrevista, el maestro Peñaranda respondió: “Lo que pasa es que su sabrosura es universal. Le gusta a la gente de todas partes y de todas las edades”.

Reconocimiento mundial
Fue en ese año, 1945, cuando Peñaranda se puso a trabajar en serio su faceta de autor musical y cantante, tal y como ha reconocido él mismo. Un año después viajó a Panamá para presentarse en directo por la Cadena Panameña de Radiodifusión, recibiendo una carta del presidente Enrique Jiménez agradeciéndole personalmente el homenaje recibido por parte del cantante colombiano.

En 1949, Juan Orol volvió a contar con uno de sus éxitos para otra película, Amor salvaje. En este caso, la aportación de Peñaranda consistió en el famoso porro "Me voy pa' Cataca", que más tarde Nelson Pinedo cantaría con La Sonora Matancera como Me voy pa' La Habana.


A partir de 1951 comienza a realizar presentaciones en lugares como Cali, Santa Fe de Antioquia o Medellín, ciudad donde obtuvo el reconocimiento del periódico El colombiano. 

Muchos fueron los temas de Peñaranda que alcanzaron un gran éxito "La cosecha de mujeres", que también fue, y es todavía, objeto de versiones por parte de, entre otros, Ramón Márquez y Mike Laure, "Las cuatro hijas", "Que le den", "Las secretarias", "Teresa la panadera" o "El peluquero". Su éxito Las secretarias le ocasionó un disgusto con este gremio de trabajadoras al considerar la letra de la canción un atentado contra su dignidad. Peñaranda hubo de modificarla y editar una segunda versión.
Estas y otras canciones fueron escuchadas en vivo, además de en Panamá, en muchos países latinoamericanos como Costa Rica, Nicaragua, Venezuela, Cuba o México, desde donde se hacían constantes invitaciones al cantante colombiano. Asimismo, realizó muchas giras, actuaciones en directo y grabaciones en Estados Unidos, donde es un ídolo entre los ciudadanos de habla española.

Además de la música de tipo vallenato de la ribera del Magdalena, realizó composiciones con letra picante que se vendía con carácter popular, principalmente en casetes, y que era muy escuchada en el transcurso de las parrandas masculinas. La más popular de ellas es “La ópera del Mondongo”.

El número composiciones del maestro Peñaranda se acerca al millar, siendo muy dificultoso obtener una relación completa de ellas, al existir versiones de la misma música con distintas letras, al haber empleado textos parecidos en distintas creaciones musicales y al haber grabado en diferentes países para algunos sellos disqueros que desaparecieron hace tiempo.

Homenajes
Hasta su muerte, recibió un sinfín de homenajes en reconocimiento a su amplia y variada carrera y fue invitado a multitud de actos. El 1 de octubre de 2000 se le tributó un homenaje por parte de Asomúsica en “Combarranquilla Boston”. El 14 de diciembre de ese mismo año, en la inauguración en Plato del XV Festival de la Leyenda del “Hombre Caimán”, el cual se realiza en su honor, le fueron entregadas las llaves de la ciudad.

A pesar de que en su momento se le considerara un autor demasiado vulgar, tras el paso del tiempo puede asegurarse sin temor a equivocación que fue el primer juglar costeño en incursionar en el folclore con letras picarescas y humorísticas de doble sentido, origen de la música “parrandera”. La vulgaridad de la que era acusado provenía más del oyente que del propio compositor que, en general, sólo hacía gala de ingenio y sentido del humor en épocas de notable hipocresía moral.

Fallecimiento de Peñaranda
A las 12 de la noche del domingo 6 de febrero de 2006 falleció el maestro Peñaranda en una habitación de la clínica de La Asunción de Barranquilla, habiendo estado lúcido y consciente hasta el final de sus días. El sepelio tuvo lugar el día 8 de febrero de 2006 en el cementerio Jardines de la Eternidad, de Barranquilla.

“Las veces que hablé con él me decía que no quería un sepelio silencioso ni mucho menos lloroso. Él, que amó la música, decía que ésta no podía dejarlo de acompañar en su última morada”, recordó en el entierro su amigo y colega, el acordeonero y cantante Morgan Blanco. Por ello, durante el cortejo cantó algunas de las composiciones del maestro Peñaranda.

El Instituto Distrital de Cultura y Turismo (IDCT), mediante la resolución número 126, reconoció y exaltó el talento y la memoria del maestro Peñaranda. El pergamino en caligrafía de molde fue firmado y entregado por su director durante las honras fúnebres.
Fuente: tomado de http://www.josemariapenaranda.com/Biografia.html


Algunos de sus discos:

José María Peñaranda - 16 Exitos de Peñaranda


José María Peñaranda - Internacional


José María Peñaranda - Las Cosas de Peñaranda
Temas:
01 El gato morrongo
02 Cumbia de los mariposos
03 El lechero de Marbella
04 No le falta nada
05 La perra
06 En el manicomio
07 No me trasquilen
08 En la fiesta
09 Ella comprendió
10 Buen amigo
11 En la playa
12 Vale un peso la Pasa
13 Todo va bien
14 Quiero casarme
15 Siete baños
16 La vecina de enfrente

Peñaranda y su Conjunto - Sus grandes éxitos Vol.1 y Más
Temas:
01 De eso murió mi marido
02 Dos hermanas
03 El coco de Rosa
04 El jueguito
05 El lechero de Juana
06 El platanito
07 En Cuba no falta nada
08 En la playa
09 La batea
10 La marihuana
11 La mondaquera
12 La ópera del mondongo
13 La panadera
14 La pringamosa
15 Las cuatro hijas
16 Me va gustando
17 Quién será
18 Quiero casarme
19 San Marcos
20 Siete años

Peñaranda y Anibal Velásquez - Juntos



Cantando algunos de sus éxitos:

domingo, 6 de julio de 2014

Roberto Torres - Presenta... La Charanga Vallenata


Para muchos, el nombre de Roberto Torres no dice demasiado. Quizá se le recuerde, de llana manera, por ser el intérprete de la versión más famosa de “Caballo Viejo”, canción originalmente compuesta por el venezolano Simón Díaz. Resulta curioso que uno de los músicos más importantes de Cuba haya sido olvidado tan fácilmente, mucho más en tiempos donde lo viejo y lo oriundo han cobrado tanta fuerza. Hagámosle un poco de justicia.


Para quienes desconozcan quién es Roberto Torres, les contamos que es un músico cubano nacido en Güines en 1940, y exiliado en Nueva York desde 1959, año en que Fidel Castro llegó al poder. Cuando decidió marcharse de Cuba apenas había iniciado su carrera musical como cantante en la Orquesta Swing Casino, misma que continuaría en la floreciente escena latina de la gran manzana con La Sonora Matancera y diversas orquestas más hasta 1973, año en que inició su carrera como solista.

¿Por qué recuperar la carrera de Roberto Torres? Pues nada más y nada menos porque fue uno de los pilares más importantes para la difusión de la música cubana en el mundo. Cuando en 1959 Torres decidió radicarse en Nueva York, no sólo se desarrolló como cantante, sino que actuó como un inquieto gestor cultural que llegó a involucrarse con casi todas las asociaciones y colectivos de músicos cubanos exiliados. Durante los primeros catorce años de su estadía en Estados Unidos formó parte de importantes agrupaciones musicales y creó vínculos con prácticamente todas las figuras “prometedoras” de la escena latina.

El debut de Roberto Torres como solista llegó en 1973, con el lanzamiento de su álbum El Castigador, al que le seguiría un dueto con la leyenda Alfredo “Chocolate” Armenteros titulado Roberto Torres y Chocolate juntos. Por aquel entonces, la música de Torres giraba en torno al son montuno y sus derivaciones, estilo que daría pie al nacimiento de la salsa brava popularizada por los músicos predominantemente puertorriqueños de Fania Records. Aquel era un son que poco tenía que ver con la acentuada síncopa de la salsa y cuya raíz nunca perdió su aire matancero y oriental, es decir, tremendamente cubano.

Quizá por esa razón Roberto Torres se desmarcó rápidamente de aquella corriente y se dedicó a investigar, componer e interpretar música que respetara la raíz afro-cubana, aunque ocasionalmente también incursionaba en el estilo que Rubén Blades, Celia Cruz y Héctor Lavoe hicieron tan popular. Las intenciones de Roberto Torres fueron tan auténticas que en 1979 fundó su propio sello discográfico, SAR Records, cuyo nombre deriva de las iniciales de sus fundadores Sergio Bofill, Adriano García y Roberto Torres. En los primeros tres años de operación de SAR Records, Roberto Torres produjo cerca de cincuenta álbumes arropando a los mejores exponentes de la música cubana Papaíto, Linda Leida, La India de Oriente, La Charanga Casino, La Charanga de la 4, Alfredo Valdés y Alfredo Valdés Jr., Alfredo de la Fe, Fernando Lavoy, “Chocolate” Armenteros y el propio Roberto Torres. Con una agenda saturada de trabajo y un infinito placer, Torres dejó un legado que a la fecha es reconocido por los especialistas de la música cubana como uno de los más completos y profundos.

Pero el asunto no queda ahí, pues Roberto Torres no sólo grabó a las mejores promesas de la música cubana, sino que una buena parte de su extensa discografía –grabó cerca de 70 discos como cantante- la dedicó a rendir homenaje a los músicos legendarios de la isla. Beny Moré, Guillermo Portabales y el Trío Matamoros son algunos de ellos.

¿Quieren un poco más? Pues bien, en 1980 y luego de pasar horas, días y años estudiando la música cubana y su devenir por el mundo, una magnífica idea surgió en la cabeza de Roberto Torres, pues sus pesquisas sobre la música afro-antillana lo llevaron irremediablemente a Colombia, donde descubrió un estilo poco conocido en el mundo: el vallenato. La idea de Roberto: mezclarlo con la charanga cubana. De aquella idea nacieron tres álbumes: La Charanga Vallenata, de 1980, Roberto Torres y su Charanga Vallenata Vol. 2, de 1986 y Roberto Torres y su Charanga Vallenata vol. III, de 1991, cuyo sonido es único y precioso.

La genialidad de Roberto Torres consistió en emparentar dos ritmos que aunque tenían un origen común, la modificación de los ritmos e instrumentos europeos, no tenían el gusto de conocerse. Por un lado la charanga cubana, por el otro, el vallenato. Hagamos un poquito de historia nada más que para abrirles el apetito musical.

Aunque hoy el término charanga se asocia inmediatamente a la música cubana, en realidad tiene su origen en las agrupaciones fiesteras de España y Francia. Ambas fueron muy populares durante el siglo XIX y se les contrataba para interpretar valses y contradanzas en las reuniones. Tenían una diferencia: mientras que las charangas españolas estaban integradas casi en su totalidad por instrumentos de viento (trombón, corneta, figle y clarín), en las francesas predominaban los instrumentos de cuerda (violines y contrabajo) y la flauta. Las charangas españolas llegaron a La Habana por obvias razones, las francesas llegaron vía Haití.

Poco a poco, las formaciones originales de las charangas fueron mezclándose gracias a músicos cubanos como Miguel Faílde y Antonio María Romeu, quienes popularizaron una nueva forma de contradanza: el danzón. Desde entonces, la formación de las charangas ha cambiado poco e incluye flauta, violín, clarinete, timbales, contrabajo, güiro y, en algunos casos, piano, arpa y/o trombones. Con una formación de tal naturaleza, las opciones son infinitamente ricas. Y si el danzón fue uno de los puntos de arranque de la charanga, el chachachá sería su estilo predilecto.

Mientras aquello ocurría en Cuba, no muy lejos de ahí, en la capital del departamento del Cesar en Colombia, oficialmente llamada Ciudad de los Santos Reyes del Valle de Upar y mejor conocida como Valledupar, nacía un ritmo singular que se interpretaba con los acordeones traídos de contrabando por los inmigrantes alemanes, al que acompañaban la caja, un instrumento de percusión de origen africano, y la guacharaca, un instrumento de fricción que emite un sonido similar al del ave del mismo nombre. El ritmo: el vallenato.

Tan añejo como el son, o quizá más, el vallenato floreció en la región septentrional de Colombia sin llamar la atención del resto del mundo hasta convertirse en una gran familia de estilos o “aires” que incluye al son colombiano, la puya, el paseo y el merengue. Su importancia fue tal que la cumbia, originalmente interpretada con tambores y gaitas, incorporó el uso del acordeón gracias al vallenato.

Por supuesto, Roberto Torres conocía a conciencia los ritmos que podían interpretarse con una charanga e incluso había formado varías agrupaciones de esta naturaleza, como La Charanga Casino y La Charanga de la 4, pero cuando descubrió el vallenato, no pudo resistir la tentación de emparentar al acordeón con la flauta y el violín. Así nació el primer álbum de su trilogía, La Charanga Vallenata, disco que ahora mismo vamos a desmenuzar.

Comencemos con lo más evidente de todo disco: su portada. Vista con ojos de hoy, la portada no dice demasiado: el dibujo de unos hombres evidentemente colombianos a juzgar por la vestimenta y el tradicional sombrero de vuelta, resalta el papel del acordeón y del güiro. Al pie de estos, un par de papagayos tropicalizan un poco más el entorno, detrás de ellos, parejas bailando. Todo muy natural y hasta un poquito cliché si se quiere. Pero pensemos con la mirada de otros tiempos ver a un artista cubano rindiendo un homenaje tan declarado a la cultura colombiana es cosa poco vista, pues bien sabido es que ambas regiones se precian demasiado de sus aportes a la música popular.

Con esa bienvenida gráfica, uno se va ya imaginando de qué va el álbum, pero a medida que se despliegan ante nuestros oídos los escasos seis temas del disco, el corazón queda completamente enamorado. El primer tema es “El cantor de Fonseca”, tema original de Carlos Huertas, un compositor que no era de Valledupar, como dice la canción, sino de un pueblo del departamento de La Guajira: Fonseca. Con arreglos de chachachá, este paseo no sólo relata la historia del cantor, sino que hace un breve y conciso resumen de la historia del vallenato, con nombres y apellidos. Mientras la canción avanza el aporte cubano no figura demasiado, pero hacia mitad de la canción se suelta el “diablo”, que es como los charangueros llaman al espacio dedicado a la improvisación. Del violín a la flauta y de regreso al acordeón, este tema basta para romperle la cabeza a cualquier purista de los géneros.

Luego de esta excelente presentación llega “Río crecido”, original del compositor Julio Fontalvo. Esta pieza es, al mismo tiempo, una deliciosa metáfora del amor y una oda a la imponente fortaleza del agua que arranca piedras lo mismo que el amor arranca suspiros. El acordeón nos lleva de la mano y nos entrega sin piedad a un aguacero de trompetas aderezado con motivos de flauta que más que escampar nos empapan de vida.

Y ya entrados en ánimos viene “Berta Caldera”, uno de los vallenatos más queridos por los colombianos, compuesto por Bienvenido Martínez Gómez, quien falleciera en 2010. Dato curioso sobre el tema: el primo de Bienvenido, Luis Enrique Martínez lo registró como propio en los años 60, cuando el tema se tocaba mucho en Fonseca, y le agregó la estrofa “el paseo de Berta Caldera, que me lo quieren robar;  que me lo toque el que quiera, pa’ ver si lo toca igual”, pues algunos cantantes de Fonseca, aprovechando la mención del pueblo en la canción, pretendían adjudicárselo. Musicalmente hablando, la versión de Roberto Torres lleva este vallenato a los terrenos cubanos, pues la sección de metales y la flauta cobran especial importancia, eso sí, sin opacar nunca al acordeón.

La energía no se reduce y después de la historia de desamor contenida en “Berta Caldera”, “La parranda es pa’amanecer” nos viste enteramente de fiesta. Y cómo no hacerlo si Rafael Orozco, el compositor de esta canción, comenzó su carrera con Israel Romero en el Binomio de Oro precisamente en una fiesta. Cubanizado hasta la médula, este tema es un homenaje a los parranderos, esos que saben que toda fiesta acaba con el amanecer. El tema más poderoso del disco y donde los instrumentos se lucen sin temor en su respectivo “diablo”.

Luego de esta oda a la fiesta, viene “La Negra”, de Alberto Murgas, un personaje singular que vivió toda su infancia rodeado de música y que regresó a ella luego de estudiar Finanzas Internacionales. La canción está dedicada a Isabel Cristina Saurith, una compañera de clases de “Beto” Murgas que le hizo sufrir con sus celos durante la adolescencia. La versión de Roberto Torres, deliciosamente llevada al montuno, permite al acordeón regodearse en los recodos de un guaguancó romántico que cualquier negrita, por más pantera rabiosa que fuera, quisiera que le dedicaran.

El disco cierra con “Clavelito”, de Armando Zabaleta, una canción que retrata con melancólica alegría las súplicas del enamorado hacia esa mujer que lo está dejando. Adolorido y triste, el abandonado no tendrá más remedio que entregarse al alcohol y morirse del “guayabo”, cruda, resaca, descompensación electrolítica postetílica o como quiera llamársele. A ritmo de dulce chachachá, este paseo pone fin a un disco injustamente ignorado, pues quedó opacado por su sucesor, álbum en el que se incluyó la versión de “Caballo viejo” que hizo tan famoso a Roberto Torres.

Sin lugar a dudas, La Charanga Vallenata es uno de esos discos que no pueden faltar en la colección de cualquier melómano. Expliquemos por qué: en primer lugar, porque es uno de los discos de fusión más logrados de la música latina. La genialidad de Roberto Torres y Alfredo Valdés, quien fungió como arreglista, no sólo puso en contacto a dos ritmos de larga tradición, sino que los hizo conversar para crear un sonido nuevo y único. En segundo lugar, ya lo mencionábamos antes, porque es muy raro encontrar un disco donde músicos cubanos se tiren de cabeza en la música colombiana y salgan enriquecidos. En tercer lugar, porque su grabación y comercialización permitió al vallenato salir de su encierro en Colombia y extenderse por el mundo. Una razón más: además de un disco delicioso que se deja escuchar de principio a fin, La Charanga Vallenata es un valioso documento que rescata la labor de compositores colombianos que, fuera de su país, son apenas reconocidos o completamente ignorados.

Dentro de las extrañas injusticias que suceden en el mundo de la música, y que no se pueden achacar a nadie, el olvido en que ha caído el trabajo de Roberto Torres llama poderosamente la atención, pues es una de las grandes instituciones de la música latina. Sirva este texto para hacerle un poco de justicia.
Fuente: Por Fabián Aranda 24-05-2014 en http://acidconga.com/contenido/la-charanga-vallenata-de-roberto-torres

Temas:
01. El cantor de Fonseca
02. Río crecido
03. Berta Caldera
04. La parranda es pa' amanece'
05. La negra
06. Clavelito



La Sonora Dinamita - Cumbia pa' saborear


Temas:
01 Mi mujer
02 El enterrador
03 Dá que te vienen dando
04 Vé y dile
05 Gasta
06 El relato
07 El dolor de Micaela
08 Te casaste Toño
09 Canto a Monterrey
10 Amor del cielo
11 Ay pum
12 Vete al diablo
13 El ombligo
14 Mejor sola que con él
15 Caldo de gallina


El Gran Combo de Puerto Rico - Arroz con habichuela



Raulin Rosendo - El sonero que el pueblo prefiere



Johnny Ventura y su Combo - Salsa y algo más... Mis Primeras Grabaciones




Los Corraleros de Majagual - De vallenato a cumbia


Temas:
01 El hijo de su
02 Para mi
03 El peluquero
04 De vallenato a cumbia
05 El gusanito
06 Me dicen papá
07 La burra tuerta
08 Chola
09 El mal vestido
10 El hijo de Tuta


domingo, 22 de junio de 2014

Alberto Beltrán con la Orquesta de Willie Rosario - Quiero saber


Temas:
01 Quiero saber
02 María morena
03 Libre de pecado
04 Taboga
05 Por el ojo de la cerradura
06 Cambia el tumbao
07 Haida Huo
08 No me interesa
09 No seas así
10 Luego despertar
11 Todo lo que se
12 Fiesta cibaeña

 

lunes, 9 de junio de 2014

Lucho Pérez y La Orquesta Marazul - La banda está borracha


Temas:
01 Gaita colombiana
02 Florecilla del campo
03 Llave al corazón
04 Vete culebra
05 Se acabó
06 Mono colorao
07 La banda borracha
08 Baile apretao
09 Por qué te fuiste
10 La campanilla
11 El trato
12 La cumbia del café

domingo, 1 de junio de 2014

Rigo Tovar - En Vivo

Presentación de Rigo Tovar y su Conjunto Costa Azul en Charlotte, N.C., en 1996.


Temas:
01 Presentación
02 Oh que gusto de volverte a ver
03 Carita de ángel
04 Allá en mi pueblo
05 Mi amiga, mi esposa y mi amante, Cuando vuelvas tú, Lamento de amor, Todo por ti, Quizás, quizás, quizás
06 A caballo
07 La calandria
08 Te tendré que olvidar
09 La sirenita
10 Matamoros querido y Despedida